¿Amo de casa?

  • ¿Y tú a qué te dedicas?
  • Pues estoy en casa, cuidando de los niños.
  • Ah…

Una conversación relativamente cotidiana, que pudiera parecer normal, pero que causa sorpresa en la gente si el que contesta es un hombre.

Porque sí, es así, en pleno siglo XXI, una época en la que se nos llena la boca proclamando la igualdad, en la que hay que andar con muchísimo cuidado para no ser machista, y todavía hay gente que se escandaliza y sorprende si un hombre es “amo de casa”.

A veces, la vida te atropella, te lleva por donde quiere, y resulta, que un día, te encuentras que no tienes más remedio que dedicarte a cuidar de tus hijos y de la casa, por lo que sea, porque no encuentras trabajo, porque puedes trabajar desde casa o simplemente porque tu pareja y tú habéis decidido que esa es la mejor opción para todos. Es ahí, cuando empiezan los problemas para un hombre que trabaja en su casa. Empezando por la familia, que no acaba de entender que sea la mujer la que sale cada mañana a ganar el dinero, mientras el hombre se queda “vagueando”. En cierto modo, podría ser hasta aceptable que personas que son de una generación anterior se sientan incómodos ante esta situación, han vivido un época distinta, en la que lo normal era que el machito español llegara del trabajo cansado y la mujer le esperara con la comida hecha y la casa recogida. Como digo, puedo llegar a entenderlo. Pero no se queda ahí, no. Existe una doble moral absurda en nuestra sociedad, esa que proclama la igualdad y la paridad. La mayoría de personas que conozco, todas de mi edad, me miran diferente, como si fuera un bicho raro, un vago, un vividor, un mantenido. Tengo que aguantar con frecuencia que me digan que por qué no estoy buscando algo, que mi mujer como lo lleva, que debe ser una situación horrible….Pues mira, no. Como decía antes, la vida te lleva a veces por donde uno no sospecha, y a mí, en cierta época de mi vida, me ha llevado por un camino que no esperaba.

Ese camino es el de cuidar de mis hijos y llevar una casa mientras mi mujer trabaja. No quiero ponerme medallas, hace siglos que muchas mujeres lo han hecho sin una queja, con una sonrisa y disfrutando de ello. Admito que a mí me ha costado al principio, que he tenido muchos días de bajón y otros en los que he tenido que pedir ayuda a los benditos abuelos. Pero a todo se acostumbra uno, todo se aprende y al final, si tienes actitud, de todo se disfruta. Evidentemente no es fácil, mis hijos son pequeños todavía, 1 y 3 años, y no son precisamente niños tranquilos que pasan las horas viendo La patrulla canina. Mis hijos son de los que corren, de los que no paran, de los que si pueden, son capaces de que te declaren la casa zona catastrófica en cuestión de minutos. Pero con el paso del tiempo he aprendido a ser feliz con lo que hago. A ser feliz viéndoles crecer, viendo como dan sus primeros pasos, viendo como les salen sus primeros dientes, sus primeras palabras, sus sonrisas…Es maravilloso.

A menudo me encuentro en conversaciones con distintas personas, hombres, claro está, en las que hablan de cuánto ganan al mes, del coche que se han comprado, de sus proyectos, de sus negocios….Y es cierto, que hubo un tiempo, en el que me sentía mal, desplazado, hasta el punto de irme de la conversación o incluso no salir de casa. Pero luego me di cuenta de algo. Me di cuenta de que la mayoría veían a sus hijos un par de horas al día con suerte, que no habían experimentado la sensación tan fantástica de levantarse cada día con ellos, o como decía antes, de ver sus primeros pasos y escuchar su primera palabra, y que sea “Papá”. No les culpo, por supuesto que no, pero ya no les envidio como antes. Me siento afortunado, orgulloso y feliz de realizar uno de los trabajos más complicados del mundo y en ocasiones menos valorado. Yo limpio mi casa si, hago la comida, plancho y me harto de cambiar pañales. Y no, no tengo 3000€ mensuales a cambio ni un cochazo en el garaje. Pero tengo la satisfacción inigualable de pasar horas con mis hijos, de sentirme padre a jornada completa y una realización personal tremenda al saber que ellos están bien.

Y en fin, en estos tiempos, en los que leo a personas terminando las palabras con la letra “e” para no ser machista, en los que veo como todo el mundo se la coge con pinzas por cualquier tontería, en los que parece más importante tener más dinero que tiempo para las personas que quieres…Pues yo, en estos tiempos convulsos, me siento millonario, porque mi tiempo y mi dedicación, es casi total para las dos personas que más quiero en este mundo, mis niños.

Os dejo, tengo que trabajar, es la hora de la comida.

 

Basado en hechos reales, o no, en una de sus siete vidas.

 

El gato con sombrero.

Sobre Abelaits On

No sé como se escribe Johnny Deep, pero sí Jhony Lobino.

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