Su tabaco, Gracias

Todos sabemos lo perjudicial que es el tabaco. Ya se encargan de recordárnoslo en cada cajetilla con esas fotos tan bonitas que ponen, que digo yo que hay que estar muy mal de curro para ser modelo de esas fotos…

– Mamá, me ha salido curro por fin.

– ¡Qué bien hijo! ¿En un banco? ¿Un despacho de abogados?

– No mamá, soy modelo de lengua cancerígena en una cajetilla de Nobel.

Pues sí, es muy malo, es un vicio horrible, pero yo fumo, soy un loco, pero muy loco, que yo soy de los que se bañan sin esperar dos horas y pongo lavadoras con la ropa blanca y de color mezclada, al límite. Y como fumo, además del riesgo de impotencia, cáncer y demás lindezas que provoca el tabaco, tengo que soportar lo que para mí es el mayor sufrimiento para un fumador: Comprar un paquete en un bar.

Estás en tu casa, a las cinco de la tarde, tranquilo, trabajando, trabajando como tocarte los huevos quiero decir, tirado en el sofá, más tirao que Sergio Busquets en un Barça-Madrid, más tirao que Paquirrín un domingo por la mañana. Y vas a encenderte un cigarrito y…HOSTIA, EL TABACO. Y comienza la odisea. Después de estirarte como un oso que acaba de terminar de hibernar, y resoplar más que Superman en su cumpleaños, ordenas tu cabeza y repasas todo lo que tienes que hacer para conseguir el tabaco. Parece fácil ¿No? Me pongo una camiseta, voy al bar de la esquina y me compro un Chester…..Pues no.

Te pones la camiseta, esa blanca del Pryca que anda por casa, más arrugá que la cara de Belén Esteban después de una mala noche, coges la cartera y las llaves y te diriges al bar, a enfrentarte a tu destino. Entras en el bar, con una sonrisa, abres la cartera y….Joder, un billete de 50, y entonces…

– Disculpe ¿Me puede cambiar?

– No, yo no soy psicólogo, tengo un bar.

– JA….digo para sacar tabaco.

Esa conversación con el camarero te mata por dentro, no solo por el chiste malo, ni por la cara que pone el hijo de puta cuando te dice que no, que es una cara de superioridad, una cara de “Te jodes” que se te clava en el pecho, sino también porque sabes que el plan ya ha salido mal, que tienes que buscar cambio en algún sitio. Sales del bar con la misma cara que llevaba Frodo cuando iba hacia Mordor, y vas a la tienda del barrio, con la esperanza de que esté abierta. Y sí, está abierta. Es la típica tienda en la que tienen de todo, que yo nunca he comprendido eso, porque a mí me confunde joder, que vas a comprar el pan y al lado del pan hay compresas, y al lado de las compresas hay juguetes de niños de esos de a euro, que antes de que salgas de la tienda ya se le ha caído la cabeza al muñeco, y chuches, muchas chuches y…buff, yo he entrado a veces a comprar el pan y me he tenido que ir corriendo sin comprarlo porque me he agobiao. En fin, que me disperso, que entras en la tienda y…

– Que pasa, Juan, oye ¿Tienes cambio?

– Que va, yo ya con la edad que tengo no…

– JA….digo de 50, que el del bar no tiene.

Quieres llorar, morir, que te trague la tierra….No solo por la cara de superioridad que pone Juan cuando te dice que no, sino porque sabes que vas a tener que ir a la gasolinera, que ya está más lejos, y porque ya te han hecho el chistecito dos veces y empiezas a pensar que el mundo es Twitter, como Matrix, pero en Twitter, y estamos todos programados para decir tonterías y dominados por Bots.

Es entonces cuando tomas una decisión importante….Vas a ser malo, vas a ser tan cabrón como el camarero y Juan, ya basta de poner la otra mejilla. Con la misma cara que pone Clint Eastwood en sus películas vuelves al bar, decidido, seguro de ti mismo. El camarero te mira a los ojos, tú lo miras a él….en este momento estoy silbando la banda sonora de El bueno, el Feo y el Malo….y PUM…..

“PONME UNA CAÑA”

El camarero sonríe ¿Por qué coño sonríe? Si he ganado….NO. Te pone la caña, ya tienes tu cambio, no en monedas, pero si tienes un billete de diez, que entra en las máquinas modernas….Vas hacia la máquina, estirando el billete que está más arrugado casi que tu camiseta….Y te das cuenta de que no has ganado, de que sigues en sus manos:

– ¿Me activas la máquina, por favor?

– Un segundo, ahora estoy contigo….(Y sonríe)

12 minutos más tarde te activa la máquina, ya estás cerca de tu objetivo. Intentas meter el billete, pero es imposible, la máquina lo escupe una y otra vez…MALDITA PUTA MÁQUINA. Donde quedaron esas máquinas educadas, que recibían  tu dinero y te daban el tabaco, y además te decían “Su tabaco, Gracias”. Que salías de allí contento joder, que quizás era la única que te trataba tan bien en tu vida….Ahora no, ahora escupen tu dinero, que pasa, no te vale mi pasta zorra, LA HE GANADO HONRADAMENTE.

¿Sabéis? He tomado una decisión, esto no puede seguir así….¿Qué? ¿Dejar de fumar? No, ni de coña, pero me voy a casa, cojo el coche y me acerco al estanco a comprar un cartón.

En una de sus siete vidas, quizás la última….El gato con sombrero.

Sobre Abelaits On

No sé como se escribe Johnny Deep, pero sí Jhony Lobino.

3 comentarios en “Su tabaco, Gracias

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