Grand Plié

Las gotas de lluvia golpeaban las grandes cristaleras de la sala de baile. Sophie, estiró su delgada pierna en la vieja barra de madera y apoyó su cabeza sobre la rodilla durante unos segundos. Al levantarla su mirada encontró el espejo.

Era una muñequita con la piel pálida y el cabello recogido en un moño alto y tenso, con una boca pequeña de labios carnosos que antes se hacía grande al sonreír.

El espejo le devolvió esa mirada triste y apagada que llevaba persiguiéndole desde que mamá se fue, de aquella manera tan inesperada, hacía varios meses. Encerrada en el baño, tirada en un rincón, junto a un bote de pastillas vacío.

Terminó sus estiramientos, se duchó y permaneció sentada en el banco de madera del baño, envuelta en la toalla mientras se masajeaba los dedos de los pies, dolorida. Las lágrimas que brotaban de su mirada perdida le salaban la boca.

Cuando terminó de vestirse guardó sus pequeños zapatitos de bailarina en su mochila. Tuvo que apartar el revólver hacia un lado para hacerlo. Después lo tapó con el maillot, cerró la mochila y se la echó al hombro. Salió del gimnasio y caminó con la cabeza gacha escondida bajo la amplia capucha de su sudadera.

Al llegar a casa se detuvo frente a la puerta. Temblaba. Su corazón estaba desbocado. Trató de calmar su respiración, sacó sus llaves y entró. Todo estaba en silencio. Se dirigía hacia su cuarto cuando escuchó unos pasos y sintió la palma de una mano golpeando bruscamente su trasero.

“Mi princesita ya está en casa”, masculló sonriente Leonard mientras se apresuraba en dar un trago a la cerveza que llevaba en la otra mano.

Cuando papá murió a causa del cáncer mamá cambió. Empezó a salir, a beber y la figura de aquella gran mujer quedó en sólo una sombra de lo que fue. Pasado un tiempo conoció a Leonard, se casarón y él se instaló en casa. Al morir mamá le concedieron la tutela a Leonard hasta que ella alcanzara la mayoría de edad.

Siguió andando hacia su cuarto, en silencio. El sonido de unos pasos que se arrastraban tras los suyos la acompañó a lo largo de todo el pasillo. Entró a su cuarto y sintió como la mano de Leonard acarició su hombro. Su cuerpo se estremeció. Le repugnaba todo su ser. Leonard soltó el botellín de cerveza sobre un mueble y con la otra mano la abrazó por detrás, manoseando sus pechos.

Sophie apartó sus manos suavemente para no enfadarlo. “Espera, por favor. Hoy es mi cumpleaños, quiero que sea especial”, dijo. Él sonrió sorprendido. Vio como ella agarraba su mochila y entraba en el baño y la esperó sentado sobre la cama.

Salió del baño prácticamente desnuda, sólo con sus zapatillas de ballet y el pequeño tutú de tul que dejaba entrever sus genitales. Él tragó saliva. Estaba casi sin aliento. Después se levantó de la cama lentamente mientras notaba como una brutal erección se desataba dentro de su pantalón.

“Desnúdate y siéntate, hoy te haré algo con lo que nunca has soñado”, dijo ella forzando una sonrisa. Él se quitó la ropa, torpe y atropellado, y se sentó sobre la cama sin apartar en ningún momento la mirada del cuerpo de Sophie.

Avanzó unos pasos hacia él, con las manos en la espalda. “Cierra los ojos, por favor”, le pidió.

“De acuerdo, princesita, sorpréndeme”, dijo Leonard mientras reía nervioso.

Sophie vio como él cerraba los ojos. Lentamente dirigió el cañón del revólver que sus manos ocultaban tras su espalda hacia el miembro erecto de Leonard.

Al sonido del disparo le siguió el del alarido de Leonard. No hicieron falta palabras. Esperó a que Leonard abriera sus ojos y se encontraran con los suyos. Ansiaba ver como el terror que ella había vivido durante tantas noches se trasladaba a la mirada de aquel ser abominable.

Cuando aquello ocurrió, Sophie disparó contra su pecho una bala tras otra, hasta que del gatillo sólo escapaban ‘clicks’ sin explosiones.

Dejó caer la pistola y con la mirada ausente se dirigió de nuevo al baño. Cogió del mueble uno de los botes de pastillas de su madre, lo abrió y una a una fue tragándoselas hasta dejar el bote vacío.

Buscó con la mirada el rincón en el que hacía unos meses habían encontrado el cuerpo sin vida de su madre y se sentó rodeando sus piernas con los brazos.

Sobre El Formalito

Cerraron mi anterior cuenta: @Formalito_soy
He vuelto con más fuerza y vengo para lo de la risa…

16 comentarios en “Grand Plié

  1. No comprendo como hay escritores de calidad dudosa con grandes éxitos y viviendo de sus libros, y aquí tenemos a alguien que no solo escribe bien, sino que sabe qué escribe y cómo lo hace y se tenga que “conformar” con escribir como hobby, no entiendo el por qué este hombre no está guionizando series, películas o escribiendo libros.
    Grande eres, ánimo y no pierdas las ganas por favor. Sería injusto para nosotros que nos quitaras el privilegio de poder leerte.

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