La chica de la curva

Los limpiaparabrisas trabajaban a marchas forzadas retirando los borbotones de agua que se amontonaban sobre el cristal delantero. Ya le habían advertido que en los pueblos de montaña el tiempo era caprichoso. Hace sólo unos instantes el sol de media tarde calentaba su rostro y, en cuestión de unos minutos, se había tornado gris oscuro, desatando sobre él un fuerte aguacero. La lluvia lo acompañaría ya a lo largo de aquel sinuoso camino bordeado por pinares.

A menudo lo cambiaban de destino. En menos de dos años ya había pasado por tres bancos. Mañana empezaba su trabajo en el cuarto, una sucursal de un pueblo de la sierra. No le hacía especial ilusión alejarse de la ciudad, pero las condiciones eran buenas y previsiblemente este destino sería más duradero que los anteriores, así que lo afrontaba con ánimo. Había alquilado una habitación en el único hostal del pueblo. Quería llegar pronto para instalarse rápido y dar un paseo para conocerlo.

Iba con los ojos entornados, esforzándose por ver entre la abundante lluvia, cuando vio a unos metros lo que parecía ser una chica que caminaba por el arcén, empapada, sacudiendo las manos y gesticulando.

Se paró junto a ella, le tocó el claxon y le hizo unas señas para que entrara. La chica abrió la puerta y apoyó un brazo sobre el techo del coche —Hola —dijo ella.

—¿Vas para el pueblo?

—Sí, pero estoy empapada. Te voy a fastidiar la tapicería.

—No importa, mujer, sube

La chica se quitó la gruesa rebeca de lana de color beige que llevaba, se sentó en el asiento y la sujetó sobre su regazo.

Durante un segundo, antes de emprender la marcha, Rubén se detuvo a observarla. Tenía el pelo moreno y ondulado, unos enormes ojos marrones y un diminuto piercing sobre una de las aletas de la nariz.

Conducía en silencio, muy concentrado, porque la lluvia seguía siendo muy intensa.

Habrían pasado un par de minutos cuando, de reojo, percibió como la chica levantaba su brazo señalando al frente

—En esa curva me maté yo —dijo con voz muy profunda

—¡Pero qué coño! —Su corazón se aceleró y pisó el freno con todas sus fuerzas. El coche empezó a patinar hasta que uno de los laterales se topó contra un quitamiedos.

—¡Joder, joder, joder! —Gritaba ella sin parar. Tenía la cara tapada con ambas manos.

Con el coche detenido ya por el impacto, pegó su espalda contra la puerta al tiempo que la miraba con los ojos abiertos como platos

—¡Joder!

—Lo siento, de verdad. Sólo era una broma. ¡Vaya cagada!

Rubén dibujó en su cara una mueca de incredulidad. Abrió la puerta bruscamente y salió del coche. Se puso a caminar de un lado a otro, con las manos en la nuca y mirando al cielo, mientras repetía —Joder, joder… —como si fuera un mantra.

La chica salió despacio del coche. Seguía ocultando su nariz y su boca con las manos — Mierda. Perdona, por favor. Mierda. —le dijo completamente avergonzada.

Bordeó el coche y vio que la rueda que había chocado contra el quitamiedos estaba destrozada. — ¿Tienes rueda de repuesto?

—¿Qué? —dijo él, aún en shock.

—Rueda de repuesto. Ésta está “K.O.”

—Sí, claro —dijo él, al tiempo que empezó a caminar lentamente hacia el maletero.

Abrieron el maletero. Ella le ayudó a sacar las dos enormes maletas marrones, que dejaron en el arcén, para poder coger la rueda de repuesto y el gato.

Rubén se arrodilló con el gato entre las manos, intentando averiguar cómo debía colocar aquel artefacto del demonio. La verdad es que nunca había tenido que cambiar una rueda. Ella se agachó y le puso la mano en el hombro — La primera vez, ¿verdad? —Rubén asintió.

—¿Me dejas? A mí ya me ha tocado hacerlo varias veces. —le dijo ella.

Cogió una de las herramientas de una bolsita del coche en la que Rubén ni había reparado, la colocó sobre uno de los tornillos y empezó a darle patadas hasta que consiguió aflojarlo.

Él la observaba alucinado. Ver a aquella chica de aspecto frágil pateando la llave como si fuera un diestro mecánico lo hizo sonreír. Ella continuó su labor, explicándole en cada paso cómo debía de hacerlo, por si se veía en aquella situación en un futuro. Cuando terminaron de cambiar la rueda, subieron rápido al coche, empapados hasta las trancas y reanudaron el camino.

—¡Las maletas! —Gritó ella, y Rubén volvió a frenar de golpe. Giró la cabeza lentamente hacia ella, que se volvió a tapar la boca con las manos mientras, aguantando una sonrisa, le dijo —Perdón.

Dieron marcha atrás, Rubén salió de nuevo y subió las maletas al coche. Se sentó en su asiento, colocó las manos en el volante y volvió a mirarla. Aunque permanecía con las manos en la cara, sus ojos no podían disimular su risa. Él miró hacia delante, serio, durante dos segundos, y empezó a sonreír. Poco a poco la risa lo fue inundando hasta que rompió en una sonora carcajada, que ella acompañó con otra, contenida desde hacía varios minutos.

—Rubén —dijo él tendiendo su mano

—Lucía —contestó ella al tiempo que, aún sonriendo, la estrechaba

Prosiguieron su marcha hacia el pueblo. El resto del camino no pararon de hablar. Ella le contó que era enfermera en la clínica del pueblo, que le encantaba caminar por el monte y que no era la primera vez que por culpa de aquel maldito clima llegaba empapada a casa.

Lo guió hasta el hostal. Él se ofreció a llevarla a casa, pero Lucía le dijo que vivía a dos calles de ahí. En el pueblo todo estaba cerca.

—Te debo una rueda —Dijo ella mientras salía del coche, sonriente.

Él le devolvió la sonrisa y observó divertido cómo ella se alejaba corriendo bajo la lluvia.

Al día siguiente, un joven banquero, nuevo en el pueblo, acudió a la consulta del doctor con un tremendo resfriado. Lo atendió la enfermera, que sujetaba, entre sonrisas, un pañuelo de papel contra su moqueante nariz.

 

EPÍLOGO

Ya llevaban dos meses saliendo juntos. Habían decidido ir al cine de un pueblo cercano. Cuando se acercaron a la curva donde sucedió todo, Rubén levantó su brazo lentamente y con voz profunda dijo —En esa curva me maté yo.

Lucía sonrió. Rubén sabía que en el fondo era cierto que había muerto en aquella curva el día que la conoció. Murió de amor, por ella.

 

FIN

Sobre El Formalito

Cerraron mi anterior cuenta: @Formalito_soy
He vuelto con más fuerza y vengo para lo de la risa…

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