Little Jack

El teléfono lo despertó de madrugada. – “Entiendo, en media hora estaré ahí”, contestó. Le dijo a su mujer que siguiera durmiendo, se vistió con ropa oscura, se detuvo en la puerta del pequeño Roberto, que dormía plácidamente en la cama, y se fue.

Don Ángelo vivía sólo. Su mujer murió en un accidente de tráfico años atrás y sus hijos llevaban años estudiando en Europa. Fue Jimmy quien le abrió la puerta. Estaba cada vez más gordo, casi ocupaba todo el ancho del pasillo. Guio con parsimonia a Little Jack hasta el sótano. A medida que bajaba hacía crujir los peldaños de madera de la escalera. En el sótano los esperaban Verona, un joven siciliano vestido con un traje oscuro de rayas que estaba apoyado sobre una de las paredes y Don Ángelo, que esperaba con su pijama de seda rojo sentado sobre un viejo sillón orejero de piel marrón.

Frente a ellos, amordazado y atado a una silla de madera se encontraba Nicky Carlson. Tenía unos 50 años, el cabello castaño engominado peinado a raya y un bigotito ridículo. Era el contable de la familia.

Hacía algún tiempo que Don Ángelo sospechaba que alguien estaba metiendo la mano en su hucha. No creía que nadie de la familia fuera tan listo ni tuviera tantos bemoles como para hacerlo, así que estrechó el cerco bastante rápido. Ahora sólo quedaba saber dónde había ido a parar su dinero y recuperarlo. El tipo, por supuesto, era hombre muerto.

Little Jack entró en la sala, miró a Don Ángelo y le ofreció sus respetos. Después soltó su maletín sobre una mesa que había junto al sillón de Don Ángelo, se despojó de su chaqueta y comenzó a remangarse lentamente los puños de la camisa mientras miraba al aterrado Nicky. Sacó de su maletín unos guantes de cuero negro y se los puso, estirando bien los dedos y apretando con fuerza los puños después. Acto seguido caminó hacia una pequeña mesita que había al fondo sobre la que descansaba un pequeño tocadiscos. Lo activó, bajó la aguja y comenzó a sonar una pieza de ópera. Little Jack subió el volumen todo lo que pudo.

Se colocó delante de Nicky. – “Nicky, ¿sabes quién soy?”, Nicky asintió nervioso con la cabeza. – “Está bien, Nicky. Dime lo que quiero saber y te prometo que esto acabará pronto”. Nicky comenzó a llorar mientras Little Jack le aflojaba la mordaza y la dejaba caer sobre sus hombros. – “¡Little Jack, Don Ángelo, juro que no he tocado el dinero, lo juro!”.

Little Jack miró a Don Ángelo que asintió con la cabeza. Volvió a colocarle la mordaza a Nicky que gemía desesperado. Dio un paso atrás, le sonrió a Nicky y comenzó a golpearlo como una auténtica bestia. El cabello de Nicky bailaba al son de sus puños. Su nariz, sus cejas, sus pómulos, se convirtieron en un amasijo de carne sangrante. Pronto su rostro quedó completamente desfigurado.

Casi había perdido el conocimiento por completo cuando Little Jack paró de golpearlo. Se acercó de nuevo al maletín y sacó un martillo y unos pequeños alicates. Al verlo Nicky comenzó a botar sobre la silla, tan fuerte que la hizo caer al suelo. Little Jack miró a Verona y a Jimmy, que rápidamente lo incorporaron. Se acercó a su cabeza y lo miró directamente a los ojos. – “Nicky, sabes lo que viene ahora, ¿Tienes algo que decirme?”. Nicky asintió lentamente con los ojos apretados mientras las lágrimas se mezclaban con la sangre de su cara.

Little Jack le aflojó una vez más la mordaza y acercó su oído hasta la boca de Nicky que apenas podía articular palabra. Nicky le susurró unas palabras. Después Jack volvió a ponerle la mordaza y se acercó a Don Ángelo.

Don Ángelo se levantó de su sillón y le preguntó a Little Jack, – “¿Qué te ha dicho?”. Little Jack colocó su mano izquierda sobre el hombro de Don Ángelo, – “Este pobre diablo no sabe nada, Don Ángelo”. El rostro de Don Ángelo se cubrió de ira, -“¡Maldita sea, este maldito bastardo me ha estado robando! ¡Quiero sus cojones sobre mi plato de espaguetis para cenar, pero antes va a decirme dónde está mi puto dinero!”, gritó. Little Jack suspiró, -“Don Ángelo, sé que Nicky no ha robado su dinero”. –“¿Qué cojones vas a saber tú, maldito estúpido?”. –“Lo sé”, sonrió, -“porque lo hice yo”.

Don Ángelo no lo vio venir. Little Jack comenzó a golpear su cabeza con el martillo. Al tercer golpe cayó al suelo. Ni siquiera pudo gritar. Little Jack siguió golpeando su cabeza hasta el cráneo quedó reducido a puré.

Little Jack miró a Verona y a Jimmy y les dijo –“Ya sabéis lo que tenéis que hacer”. Movieron el cuerpo hasta un trozo de plástico que había colocado unos metros atrás y comenzaron a envolverlo.

Nicky observaba la escena con los ojos desencajados. Little Jack se acercó a él con un dedo colocado sobre la boca en señal de silencio. Nicky asintió. Por un momento creyó que Little Jack lo liberaría. Notó como se acercaba por su espalda y aflojaba la mordaza. Después sintió como la fría hoja de acero de la navaja de Little Jack recorría su cuello rebanando su yugular.

 

EPÍLOGO

Little Jack había bebido mucho la noche anterior. La fiesta de inauguración de su nueva mansión había sido todo un éxito. Los negocios estaban yendo bastante bien y tras la misteriosa desaparición de Don Ángelo había conseguido el favor de muchos altos cargos de la familia para dirigir gran parte de las operaciones.

Comenzó a abrir los ojos con dificultad. –“Menuda resaca”, pensó. Intentó moverse pero algo lo mantenía inmóvil. Tampoco podía hablar. Cuando terminó de abrir los ojos vio su cuerpo atado a la silla y sintió el sabor agrio de la tela de la mordaza. Frente a él, apoyados sobre la mesa se encontraban Verona y Jimmy. Un joven desconocido se acercó hasta él. Comenzó a remangarse los puños de la camisa. Tras el joven, al fondo de la habitación, Little Jack vio los cuerpos de Annie, su esposa, y de su hijo Roberto, desangrados sobre la cama.

De fondo, en la cara mini cadena de Little Jack, comenzó a sonar una pieza de ópera. –“Hola Little Jack, supongo que no me conoces. Me llamo Ángelo, como mi padre…”.

Sobre El Formalito

Cerraron mi anterior cuenta: @Formalito_soy
He vuelto con más fuerza y vengo para lo de la risa…

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