Deseos

CARMELA

“Hoy he llegado temprano a la oficina. Así me puedo tomar un café tranquila, leyendo Twitter, mientras van desfilando los demás. Miro a mi alrededor y veo todas las mesas desordenadas, como la mía, menos la de Alba. Qué tía, siempre se ocupa de dejarlo todo arreglado antes de salir. Mientras doy el último sorbo al café, aparece Beatriz… La madre que la parió, qué cara trae. No se puede estar más guapa ¡y son poco más de las siete y media de la mañana! Esta chica me da una envidia tremenda. Además de ser simpática y buena gente, tiene unos ojazos de un azul impresionante, una cara preciosa, con un cutis perfecto y un cuerpo que lo flipas. En la vida me han sentado a mí así unos vaqueros, ni siquiera antes de los embarazos, cuando pesaba 20 kilos menos (y ya estaba 20 kilos más gorda de la cuenta). Y 29 años… Madre mía, debería estar prohibido tener 29 años. Y yo con mis 46, llena de arrugas y de kilos, que voy a comprarme ropa y ya no tengo criterio estético, sólo quiero entrar dentro. Seguro que Beatriz se compra la ropa en el Bershka y sitios así. Yo fui una vez al Bershka y tuve que decir que estaba buscando algo para mi hija, porque la dependienta me miraba con cara de “¿en serio crees que algo de aquí te tapará más de un brazo?”. Bea lleva hoy un top ajustadito y, al andar, se le levanta y se le ve el ombligo. A saber dónde cae mi ombligo. En algún lugar entre las lorzas y las ubres, supongo. Beatriz tiene unas tetas respingonas que van apuntando al horizonte. Las mías indican con exactitud dónde van las tapas de las alcantarillas. A veces, voy al aseo y me las recoloco dentro del sujetador, pero tardo yo más en salir por la puerta que ellas en rebelarse y seguir su tendencia natural hacia abajo. Y luego está el culo. El mío hace por dos de Beatriz. De hecho, más de una vez he tenido que bajar la silla disimuladamente, porque me la llevaba detrás al levantarme, con las caderas encajadas en los reposabrazos. Bea puede hasta subir las piernas a la silla y doblarlas así, hacia un ladito, de una forma muy humillante para las que ya hace tiempo que ni cruzar las piernas podemos.

Qué poca cosa me siento al lado de ella; de verdad, si pudiera pedir un deseo en la vida, uno solo, sería tener esa cara y ese cuerpo”.

BEATRIZ

“No son ni las ocho de la mañana y ya está Carmela en el trabajo. Joder, ¿cómo lo hace, con tres críos en edad escolar…? Y mira la mesa de Alba: el orden personificado. Qué envidia le tengo a Alba… Desde que llegó a la oficina, las demás parecemos unas inútiles de solemnidad. En menos de una semana, ya controlaba a la perfección el programa informático, se sabía al dedillo los expedientes de todos sus clientes y había hecho una limpieza de archivo. La eficiencia lleva su nombre. Y el coco que tiene la tía. Nos dijo un día que tiene dos carreras y un máster. Y creo que está empezando otro. Y yo aquí, con mi ESO sacada con un 6 de nota media. Me acuerdo de aquella vez que jugamos al Trivial después de la comida de Navidad y nos dio una paliza impresionante. A mí no me pilla en otra, qué ridículo más espantoso… Ahora está al teléfono con el jefazo gordo, el de Madrid. Le tiene encandilado, porque es que puede charlar con ella de cualquier cosa: igual sabe de política que de economía que de geografía mundial. Y habla tres idiomas mejor que yo el castellano. Esta sale con un ascenso en menos que canta un gallo, la valoran muchísimo. Y bien que hacen en no dejarla escapar. Va a llegar muy lejos.

Qué poca cosa me siento al lado de ella; de verdad, si pudiera pedir un deseo en la vida, uno solo, sería tener esa inteligencia”.

ALBA

“Joder, las ocho en punto. Si me descuido, llego tarde. Qué mal. Y Beatriz y Carmela ya currando. Y con la de pote que tiene que ponerse Beatriz por la mañana, que fijo que se levanta hora y media antes para tener esa cara. Lo de Carmela sí que tiene mérito. Con tres hijos a los que tiene que preparar para ir al cole antes de salir de casa, porque su marido, por lo que cuenta, no hace ni el huevo. Me tiene alucinada cómo puede rendir en el trabajo lo mismo que las demás, que no tenemos hijos (yo, por no tener, ni novio tengo), con la de faena que tiene en casa. Contaba el otro día que los domingos se deja tuppers hechos para toda la semana y plancha la ropa de todos para el cole y la oficina. Cada noche, al parecer, se deja preparados los uniformes de los niños, el bocadillo del día siguiente, su comida para la oficina… Y siempre ahí, con una sonrisa para todo el mundo. Claro que, tampoco me extraña. Debe ser una pasada llegar a casa y encontrarte con tres criaturas deseando besarte. En la mesa tiene la foto de los tres. Mira que son bonitos. Y qué orgullosa nos cuenta ella todas sus proezas, desde el primer diente hasta las notas del cole de cada uno. Está claro que no va a ascender más en la empresa, no tiene demasiada preparación… A ver cómo iba a tenerla, si el tiempo que yo he dedicado a estudiar y a prepararme para ser “más”, ella lo ha dedicado a formar una familia y a ser “más” en el sentido que de verdad importa. Lo que es a mí, poca compañía me hacen mis carreras y mis másters cuando llego a casa por las noches. Debe ser tan bonito vivir en una casa llena de ruido y que te den esos besos pegajosos de caramelo…

Qué poca cosa me siento al lado de ella; de verdad, si pudiera pedir un deseo en la vida, uno solo, sería tener esa familia”.

DANIEL

Daniel entró corriendo a la oficina, como casi cada día. Miró a sus tres compañeras, ya trabajando, y pensó: “mierda, otro día que llego tarde, ¡qué asco de aparcamiento!… De verdad, si pudiera pedir un deseo en la vida, uno solo, sería tener una moto”.

Sobre Pijortera

Polipolar. Lo mismo me pongo un Armani que te canto por Los Chichos. Consumista por la gracia de Dior.

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