Dos puertas.

No es algo sexual, de verdad que no lo es. Cuando hablamos, lo que noto es una sensación de calorcito en el estómago, en el pecho; vale, sí, ¡incluso en la entrepierna!, en todo el cuerpo al mismo tiempo… ¿nunca has sentido algo así?

– Yo lo único que noto en la entrepierna es el picor de las cándidas. De verdad, Laura, hija, que estás de un moñas que asustas.

– Calla, pava –respondió Laura entre risas-. Que te estoy hablando en serio. De verdad que es algo… diferente. Una sensación muy agradable. Me da muy buen rollo cuando hablo con él.

– Ay, Laura, que tú te estás enamorando.

– Calla, por Dios. Enamorada estoy de mi marido, esto es distinto.

– Ya. Distinto.

– Pues claro. Sólo somos amigos -explicó Laura-. Bueno, casi ni eso. Sabes que nos conocemos del grupo del WhatsApp de las mamis del colegio. Él está divorciado y tiene la custodia, es el único papá que hay en el grupo. Y sólo nos hemos visto un par de veces, porque en la puerta del cole casi siempre está la abuela, que es la que suele ir a los cumpleaños con la niña. Lo que pasa es que un día me mandó un mensaje para consultarme algo de los deberes y ya empezamos a hablar y nos caímos bien. ¡Tenemos tantas cosas en común!

– Ya. Sólo amigos… –respondió Maite, poniendo los ojos en blanco-.

– Claro.

– Yo soy tu amiga, ¿no?

– Así como desde hace 25 años, Maite.

– Y, dime: ¿alguna vez has sentido conmigo ese “calorcito” en la entrepierna?

– … Hombre… pues no.

– ¿Lo ves? Ahí hay algo, Laura, ahí hay algo.

– Mira, Maite, déjalo –dijo Laura, mientras se levantaba de la silla-. No me entiendes. Anda, hoy te toca pagar el café a ti; me marcho corriendo, que Fran está a punto de llegar y tenemos mucho que hacer.

Laura se despidió de Maite con dos besos y echó a andar hacia su casa, apenas a tres manzanas de allí. Por el camino, escuchó el inconfundible sonido de mensaje del WhatsApp en su teléfono:

  • Miguel: Hola, guapa, cómo va la tarde?

Laura sonrió, recordando la conversación que acababa de mantener con su amiga, y respondió:

  • Laura: Genial, he estado tomando café con una amiga y voy ya para casa. ¿Tú qué tal?
  • Miguel: Bien, estoy esperando a q salga Sara de ballet y me he acordado de ti.
  • Laura: Vaya, ¿me ves planta de bailarina? 😀
  • Miguel: Ahora q lo dices… seguro q no se te da mal, jeje. Pero no es por eso por lo q me he acordado de ti, es q me estoy tomando un café asqueroso de máquina y he recordado q tenemos uno pendiente.
  • Laura: ¿Un café asqueroso de máquina? Casi que no me apetece, jajaj.
  • Miguel: Nada de café asqueroso para ti. Te invito en el Starbucks q han abierto en el Centro Comercial, ¿q te parece?
  • Laura: Bueno… algún día.
  • Miguel: Algún día… Vaaaaale. No quiero ser pesado. Es q tengo ganas de poder mirarte a los ojos mientras hablo, q esto es muy frío.
  • Laura: Si, a los ojos, seguro, jaja.
  • Miguel: Bueno, y a lo q me dejes.
  • Laura: Anda, anda.
  • Miguel: No ando, que sale la niña y no me ve.
  • Laura: XD Estás muy loco.
  • Miguel: Igual un poco por ti, eh?
  • Laura: Uyuyuyuy, que estás coqueteando con una mujer casada.
  • Miguel: Mecachis. Llegando tarde a los sitios desde 1975.
  • Laura: Jajaj, venga, anda, te dejo, que llego a casa. Un beso!
  • Miguel: Muchos para ti. Chao.

¿Con quién hablabas, que llevas esa sonrisa en la cara?

Laura se sobresaltó al escuchar la voz de Fran, su marido, que estaba esperándola en el portal.

Nada, con Maite. Ya sabes que está como una cabra.

Fran sonrió y le dio un beso suave en los labios.

¿Qué tal el día?

– Bien –respondió Laura, mientras subían en el ascensor-. He dejado a Javi en natación, ahora lo traerá mi madre.

– O sea – dijo Fran sonriendo y guiñándole un ojo a Laura-, que estamos solos media horita, por lo menos.

– Pues sí. Podríamos aprovechar para hacer limpieza de trastero, que Diógenes se quedaría a vivir dentro si lo viera. Y hay que poner el lavaplatos y una lavadora por tender.

– No estaba pensando en eso, precisamente.

– Ay, Fran, con la de cosas que hay que hacer y tú pensando en sexo.

– Mujer –respondió Fran, ya sin sonrisa– es que, si no pienso yo en ello, no piensa nadie.

– Vale, lo que tú digas. Ahora resulta que soy yo la que no quiere. Pues a ver si te aplicas el cuento los domingos por la mañana, cuando el peque está en casa de mis padres, y el próximo, en lugar de salir a correr, te arrimas un poco a mí –contestó Laura enfadada-.

– Ya, resulta que la culpa es mía, para un puto hobby que tengo. En fin, me voy a tender la lavadora.

Fran salió del ascensor y entró en el piso, dando un portazo, sin esperar a Laura. Ella se quedó parada en la puerta, al borde de las lágrimas, cuando sonó el tono de WhatsApp.

  • Miguel: Hola, bruja.
  • Laura: Hola.
  • Miguel: ¿Qué haces?
  • Laura: Pues, mira, planteándome si entro en mi casa o me vuelvo al ascensor.
  • Miguel: Mira que hay puntos de inflexión en la vida, pero ese no lo conocía. ¿Necesitas ayuda?
  • Laura: Ay, Miguel… Ahora mismo necesito algo para reírme.
  • Miguel: No te preocupes, de eso tengo. ¿Te mando un video de mi clase de prueba de zumba? No podrás parar de reír XD
  • Laura: Jajajaj. No, no, gracias. Con imaginármelo, tengo bastante.
  • Miguel: Haces bien. Oye…
  • Laura: Dime.
  • Miguel: … q digo q igual te vendría bien ese café ahora.

Laura se quedó en el rellano, entre la puerta de su casa y la del ascensor, mirando el teléfono sin moverse. ¿Entrar en casa para pasarse la tarde de morros o salir a hacer algo tan inocente como tomar un café? ¿Significaría eso “cruzar la línea”? Sabía que quería a su marido y no pensaba serle infiel… sólo un café. No haría daño a nadie. Pero también creía que eso no estaba bien. ¿A ella le parecería correcto que Fran fuera a tomar un café con una amiga?… Bueno, lo cierto es que sí. ¿Y lo que le había dicho Maite? ¿Con los amigos se tenían esas sensaciones? No, eso no era normal. Igual se le estaba yendo de las manos lo del tonteo. Empezó como algo divertido e inocente, pero no podía jurar que siguiera siéndolo. En Miguel tenía  la evasión del día a día, que, con Fran, cada vez se le hacía más cuesta arriba, pero… ¿no era eso el matrimonio?. Estaba claro que era más interesante coquetear que planificar la compra del mes, pero el coqueteo es algo puntual y la familia está ahí y hay que cuidarla. Por otra parte… ¿no tenemos todos derecho a ser felices? Y ella, en eso tenía que ser honesta, hacía tiempo que no se sentía feliz con Fran. Demasiadas discusiones, demasiada frialdad, demasiada rutina… Aunque, bien mirado, eso era parte de la vida en pareja, ¿no? También había épocas estupendas y no podía mandarlo todo a la mierda por una tontería. Vale que estaba ilusionada como hacía años que no se sentía, pero, por una ilusión pasajera, no debía sacrificar a su familia. Dios, qué complicado era todo.

Dudó unos segundos más. Miró el teléfono, suspiró y abrió la puerta.

Sobre Pijortera

Polipolar. Lo mismo me pongo un Armani que te canto por Los Chichos. Consumista por la gracia de Dior.

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