Feminismo cuqui.

Ser cuqui no es una opción: el cuqui nace y en muy pocos casos se aprende a serlo. A veces, tardas en descubrirte como cuqui; sólo sabes que te salen muchos “¡ooooooh!” cuando ves cachorritos, que adoras los delfines, que los unicornios te parecen taaaan monos, que el color rosa y los tonos pastel te hacen volver la cabeza, que te gustan los arcoíris y los corazoncitos… sobre todo los corazoncitos rosas, que se te van los ojos detrás de los cupcakes de colores, que te gustan las sonrisas y los diminutivos y rodearte de cosas bonitas.

Ser feminista tampoco es una opción. Todas las personas nacemos preparadas para ser feministas, pero sólo algunas llegamos a tomar conciencia de ello, aunque no siempre en la misma medida. En el momento en el que te das cuenta de que la mujer ha sido un colectivo históricamente dominado, ninguneado y oprimido, tienes que asumir que no hay otra opción que ser feminista; es decir, tienes que pretender que se reconozca que mujeres y hombres tenemos los mismos derechos. Esa es la parte básica del feminismo y esa es la que, como ser humano, no puedes negar. El problema viene cuando a rebufo del feminismo “serio” surgen corrientes que rayan, cuando no sobrepasan, el ridículo.

Os voy a contar un secreto: las feministas nos depilamos. No todas, algunas, claro. Hay mujeres que no se depilan porque no les apetece. Pues muy bien. Pero no es obligatorio ir cubierta de pelo desde el tobillo hasta la santa parte que corona los muslos. A mí me gusta verme depilada, igual que me gusta ver mis ojos con máscara de pestañas. Y, si alguna mujer os dice que hay que ir exhibiendo la pelambre para considerarse feminista, es que no ha entendido el concepto.

Otro secreto: las feministas aceptamos nuestra menstruación como algo natural y usamos la gran variedad de artículos que nos ofrece el mercado para “mantenerla a raya”. No para esconderla porque sea pecaminosa o vergonzante, sino porque, igual que hombres y mujeres evitamos mostrar otros fluidos corporales que no es agradable que estén a la vista de todos, ocultamos ese. Y, si alguna mujer os dice que hay que enseñar la ropa manchada de sangre para considerarse feminista, es que no ha entendido el concepto.

Un secreto más: las feministas no buscamos la supremacía de la mujer. Sólo pretendemos el reconocimiento (ojo, el reconocimiento implica que es algo nuestro, no queremos que se nos conceda) de que, como dije más arriba, tenemos los mismos derechos que los hombres. Y ese reconocimiento pasa por ser conscientes de que, tanto históricamente como en la actualidad, se han dado situaciones de un desequilibrio brutal. Tenemos que saber de dónde venimos para entender a dónde queremos llegar. Y, si alguna mujer os dice que el lugar al que queremos llegar está por encima del hombre, es que no ha entendido el concepto.

Podría seguir, pero creo que todos tenemos el suficiente sentido común para saber distinguir qué es feminismo y qué son desvaríos. Es más fácil que distinguir lo cuqui de lo que no lo es. Yo sé distinguir lo cuqui perfectamente, porque lo soy.

Soy feminista cuqui.

Sobre Pijortera

Polipolar. Lo mismo me pongo un Armani que te canto por Los Chichos. Consumista por la gracia de Dior.

2 comentarios en “Feminismo cuqui.

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