Comer coños para dummies

“La mujer que tiene quien le coma el coño con salero, tiene un tesoro. Sí, ya sé que no rima”.

– Autor desconocido.

Creo que lo dijo algún filósofo griego, o salía en “La Bella y la bestia”, aunque no estoy seguro. Pero es una verdad como un templo. El noble arte de la comida de coño es algo que está al alcance de todos (y de todas), y aunque yo no sea una autoridad en la materia, me veo en disposición de compartir mis modestos conocimientos para intentar ayudar a aquellos que no se creen capaces de hacer que su pareja se sacuda mojada como una trucha de río pescada con los brazos. Pero aún no te relamas, antes de ejercitar la lengua, un poco de teoría. 

El arte del teasing y la provocación

Antes de nada, aclaremos conceptos. Practicar el sexo oral se considera un preliminar. Es un preliminar porque se entiende como un juego sexual previo al coito.

Aquí, haciendo un Hitler. JIAS!
Aquí, haciendo un Hitler. JA!

Además, debes saber que comer un coño no es sólo poner tu lengua entre sus piernas y moverla como si no hubiera mañana. Hay que tener en cuenta que hay un enorme factor psicológico que juega un papel muy importante. Se trata de la provocación y el teasing (del inglés “tease” – tentar), porque la excitación sexual no se origina sólo con el acto en sí, sino que también se puede excitar con la expectación que se genera en los momentos previos a hacerlo. El hecho de pensar y prever lo que va a ocurrir resulta un gran estímulo y un acelerante del deseo, como cuando empiezas a salivar antes de comerte un coñFILETE, que me lío.

En algunos casos puede incluso ser más excitante el camino recorrido que el propio destino en sí, llegando a alargar una comida de coño hasta doblar o incluso triplicar su duración e intensificar y aumentar exponencialmente el deseo y placer generado.

Esta manera de provocar, de generar expectación por lo que va a acontecer, de tentar, se puede llevar a cabo de muchos modos, ya sea con una progresión lenta y lineal de jugueteo por la periferia de lo que viene siendo el coño, con idas y venidas, con una combinación de ambas… Eso ya depende de la imaginación y sobretodo la paciencia de cada uno.

Para que os hagáis una idea del importante papel del “teasing” a la hora de realizar sexo oral, adjunto un gráfico que me he sacado de mis huevos toreros sobre el impacto que, en mi opinión, pueden tener estos pre-preliminares del precalentamiento:

comidachochal
Sí! Se sale de la gráfica!! (Fuente: Yo)

Para poder ilustrar todo esto de manera más gráfica y explícita, creo que lo mejor es relatar como sería a mi parecer un buen calentamiento previo a la comida de coño. Luego ya que cada cual de rienda suelta a su imaginación para terminar la faena. Huelga decir que todo ello hay que llevarlo a cabo sin prisa, lentamente, saboreando cada segundo, cada reacción, y procurando que el deseo sólo aumente a cada paso. Aprovechando cada input que recibamos (un gemido, un estremecimiento) para poder explotar al máximo las zonas sensibles y así producir aún más placer si cabe. Allá vamos.


Ahí estás, tumbada, y te brillan los ojos. Es la primera vez que nos quedamos a solas, y sin darte cuenta, tras un mar de besos, sólo te queda la ropa interior. Sabes que me muero de ganas de hacerlo, y que en cualquier momento voy a empezar a provocarte. Sin dejar de besarte, paso por la comisura de tus labios, por tu cara, por tu cuello… Ahí me deleito y dejo que la punta de mi lengua acaricie tu piel suavemente, dejando un rastro húmedo, y siento cómo te estremeces. Tu cuerpo empieza a tomar las riendas, y eso me gusta.

Sigo bajando por tu clavícula, tu hombro. Te das cuenta de mis intenciones, pues el foco de atención ya no es tu boca, y empiezas a vislumbrar lo que busco. Te miro, y me miras sonriente. Me incorporo y me muevo lentamente por la cama hasta alcanzar tus pies. Tus piernas están flexionadas, relajadas, y yo yazco al final de la cama, mirándote.

Te tomo un pie, y acerco mi rostro tímidamente. Poso mis labios en tu tobillo para besarlo, lentamente, besos cortos, subiendo sin prisa y cambiando de pierna a la mitad de camino. Te miro mientras te beso la rodilla y con mi otra mano te acaricio la otra pierna. Te gusta que te llene de besos, así lo hago, pues no me nace otra cosa que complacerte.

Tu rodilla empieza a quedar atrás, me he acercado a ti para poder besarte mejor, y empiezo a recrearme con tus muslos. Noto como separas las piernas instintivamente, para facilitarme el acceso, y al mirarte con complicidad no puedes evitar morderte el labio inferior. Mientras te beso el muslo, lentamente lo voy rodeando para acercarme más a la parte interior, dónde la piel es más sensible. Tú lo notas, y yo no puedo evitar dejar que mi tímida lengua salga para acariciarte con la punta, una vez más, dejando un rastro húmedo en tu piel.

Tus piernas se han separado completamente, y ahora puedo cambiar de lado a placer, mientras mis besos son cada vez más húmedos e intensos. La piel de la zona interior de tu muslo se eriza a cada caricia de mi lengua que doy, y cuando menos lo esperas, poso mis labios en tu piel, a un palmo de tu ingle, y succiono dulcemente hasta que mi boca se suelta. Vuelves a estremecerte. Te miro y veo tus ojos medio cerrados que me dicen que te gusta lo que hago.

Subo un poco más, mientras te beso puedo acariciar tu ropa interior con la punta de mi nariz, y me recreo ladeando mi cabeza. Tú lo notas, eres consciente de mi proximidad, y siento cómo te pones ligeramente nerviosa. Cambio de lado, ahora mi boca húmeda te besa cerca de tu entrepierna. Puedes sentir mi respiración en tu piel y mis manos ahora rodean tus muslos acariciándolos.

Ya no son besos, ahora sientes mi lengua acariciándote la piel, a tan sólo unos centímetros de la ingle, y cada vez me acerco más…. pero de repente me incorporo para subir a tu altura, besarte el cuello, la boca, y detenerme unos segundos para mirarte. Me sonríes, y vuelves a morderte el labio. Vuelvo a bajar lentamente por tu cuerpo, sin dejar de besarte… El cuello, el pecho, el abdomen, y me detengo en tu vientre. Me encanta tu vientre, lo beso, me recreo en él, adoro tu piel, soy preso de ella.

Sigo bajando, bajo tu ombligo, y encuentro el elástico de tus braguitas… Hinco mi cara para morderlo, y mientras lo estiro lentamente, noto cómo se te clava entre las piernas, como también se clava mi mirada en ti mientras lo hago. Me encanta provocarte… Pero lo suelto y te sonrío, y mi cabeza sigue bajando, esta vez pegada a ti, mientras la punta de mi nariz recorre tu ropa interior mientras bajo. Ladeo la cabeza levemente para alcanzar tu ingle bajo mi boca. Vuelves a sentir mi respiración en tu piel, esta vez más acelerada, y sin previo aviso saco mi lengua para poder acariciar la costura del encaje… Inevitablemente sientes la humedad de mi boca, y vuelves a estremecerte.

Te muerdo suavemente la piel, sin hacerte daño, para que puedas sentir las ganas que me naces. Te acaricio la ingle con mi lengua, esta vez más fuerte, más pasional, incluso notas cómo forcejeo con el elástico intentando meter mi lengua por debajo, hasta que lo consigo… Mi humedad te invade unos centímetros, y con ella mis ganas de hacer que te retuerzas de placer. Mientras lo hago, te sujeto el muslo opuesto contra el colchón con mi mano firme y caliente, a la par que mi lengua cambia de lado, para jugar con tu otro elástico, forcejeando de nuevo hasta conseguir que se escurra bajo el tejido para acariciarte con ella.

Me separo y te miro, acariciándote los muslos, y me correspondes la mirada a sabiendas de que quiero llevarte al límite. Sin pensarlo, vuelvo a agachar mi cabeza, esta vez entre tus piernas. Froto mi cara en tus bragas, con firmeza, haciéndome notar. Entonces abro mi mandíbula todo lo que puedo, colocando mis dientes en la parte más baja y abarcando con mi boca toda la superficie que puedo de tu entrepierna. Hinco mis dientes con dulzura, y notas mi aliento caliente a través del tejido, que es lo único que separa mi boca de ti… Sin soltarte, poso mi lengua húmeda y caliente sobre tu ropa interior. Puedes notarla y el deseo crece. Empiezo a notar tu humedad.

Sin apartar mi boca, mis manos se deslizan por tus muslos, hacia arriba hasta encontrar la goma de tus braguitas, que rodeo con mis dedos y sujeto para empezar a bajártela. Noto como pasa bajo mis dientes superiores, que ahora se clavan en tu piel suave. Te vuelves a estremecer y siento cómo tu respiración empieza a entrecortarse.

Me separo, te miro y te sonrío, y subo hasta tu boca para besarte de nuevo, tus labios, tu cara, tu cuello, y me acerco a tu oído. Te acaricio el lóbulo con mi lengua y te susurro: “¿Te gusta?”. Me respondes que sí y me alentas a seguir. Vuelvo a bajar, y sujetando tu ropa interior por los costados, intuitivamente levantas la cadera del colchón para que pueda quitártela. Ahora vas a ser mía, y lo sabes. Sabes que esto sólo acaba de comenzar.


Y esto es todo (o no). Si eres mujer y has tragado saliva en algún momento, lo tomaré como un cumplido. Cualquier comentario o crítica son bien recibidos.

Saludos, y a perpetuar el arte de comer coños!

 

yutú Escuchando: Sade - Mermaid

Sobre Smooth

I’ll always try to make you smile

4 comentarios en “Comer coños para dummies

Deja un comentario