Paciencia, y pa’ciencia

A menudo me dicen que tengo una paciencia infinita. Pero eso no es genético, al menos en mi caso. Ha sido fruto de un gran trabajo y ejercicio personal cómo he podido llegar a ver el Sálvame sin tener ganas de estrangular gatitos. Entender cómo funciona nuestro cerebro ayuda en gran medida a poder controlar ciertos impulsos que pueden llevarnos, en algunos casos, a lamentar lo que hemos dicho o hecho. Sigue leyendo si te ha gustado la foto de Punset haciendo kung fu.

Señor calvo y azul con choricillo en el cerebro.Pues os voy a contar cómo funciona el tema. Hay una parte de nuestro cerebro que se llama amígdala (en inglés, amygdala). Si miráis la foto esta de al lado del señor calvo y azul, es la parte esa que parece un choricillo de aperitivo, pero no subestiméis su poder!! De entre otras cosas, una de sus funciones principales es protegernos. Pero protegernos tanto de un posible daño físico como de hacer el gilipollas en público. A ver si puedo relatar así a grandes rasgos cómo funciona sin que a ningún científico le de un ictus mientras lee.

El proceso normal, de manera muy resumida, vendría originado por los estímulos que nos llegan a través de los sentidos. Estos estímulos, por norma general son analizados y procesados por el cerebro y es a través del mismo proceso cognitivo que originamos una respuesta. Pero esto no es siempre así. En algunos casos es la amígdala la que toma el control por encima del cerebro y da la respuesta antes incluso de que podamos razonarla. Por ejemplo si alguien va a golpearnos con una tubería de plomo nos apartaremos instintivamente. Esto ocurre porque la amígdala ha tomado el control y está dando la respuesta de manera sistemática antes de que nosotros podamos analizar y razonar la situación. Esto mismo ocurre si tropezamos y caemos porque ponemos los brazos delante, o si se te cae algo al suelo cuando pones el pie para amortiguar la caída, aunque lo que caiga sea una lata de melocotón en almíbar de 5 Kg, pones el pie igual, y lo sabes. Y está muy bien que actúe así, porque a nadie le gusta recibir un palo o parar una caída con los morros.

FRAN PEREA?!?!?!El problema viene con las amenazas que la amígdala no está entrenada para identificar, como por ejemplo cuando experimentamos alguna emoción muy intensa o incluso cuando llevamos una mala racha durante varias manos de póker. A este efecto se le llama “tilt” o “secuestro emocional”. Por ejemplo nuestro amigo Fry acaba de ver Los Serrano por primera vez, ha entrado en estado de secuestro emocional y se ha puesto a maldecir en arameo a Fran Perea… Pobre, qué culpa tendrá él… Qué culpa tendrá Fry para merecer eso.

Lo que ocurre en estos casos es que no pensamos con claridad, perdemos la capacidad de razonar y pasamos a ser fruto de impulsos originados en la amígdala que, a su vez, no es capaz de gestionar la amenaza recibida. Es entonces cuando maldecimos, insultamos, y en algunas situaciones cosas peores (lamentablemente). Nos dejamos llevar y luego, si somos honestos, nos damos cuenta de que actuamos mayormente bajo una sensación de amenaza y con una respuesta que para nada se ajustaba a la situación.

Pero esto afortunadamente es algo que se puede corregir y entrenar. Para que tengáis una idea, las personas que tienen “temple”, es precisamente porque que tienen control sobre este tipo de respuesta emocional y son capaces de, hasta cierto punto, gestionarla y controlar la situación sin dejar que esta les afecte. Es el famoso “cuenta hasta diez” un modo muy primario de ahogar esos impulsos y llevar la situación a la zona de la razón, pero existen muchas otras maneras. Del mismo modo ayuda hacer ejercicio si has tenido un mal día en el trabajo (porque se han comido el último donut de la máquina expendedora), o darse una ducha dejando la mente en blanco. Tras este reposo, todo esto nos ayudará a poder analizar la situación de manera más calmada y así poder actuar en consecuencia de un modo más razonado.

zen dogA través de estos ejercicios se puede llegar a entrenar la amígdala hasta el punto de llegar a controlar en gran medida estos “secuestros emocionales” y ahogar estos impulsos de manera inmediata para no perder el control y convertirse así en alguien paciente como el perrete zen de la foto.

Espero que esto os sea de ayuda, aunque sólo sea para evitar que le rompáis el botellín de cerveza a alguien en la almendra, que el cristal hay que reciclarlo 😉

 

Saludos!

 

yutú Escuchando: Frankie goes to Hollywood - Relax (Don't do it)

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5 comentarios en “Paciencia, y pa’ciencia

  1. ¡Por fin! He descubierto que lo que falla en mi cerebro es un choricillo de aperitivo que da órdenes incoherentes en mi lugar… ¡pilila!. No sé si me servirá en el futuro, pero ya me quedo más tranquilo porque puedo echar la culpa a algo.
    Enhorabuena por tu programa ¿puedo saludar?

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