Como cada viernes

Como cada viernes, Gloria llegó a casa después de trabajar y se preparó una ensalada de pasta para comer. Se duchó sin prisas, recreándose en cómo el agua caliente recorría todo su cuerpo. Después se puso su camiseta de Los Ramones y sus tejanos favoritos, aquellos ceñidos que le hacían un culo tan estupendo, y se marchó al pub donde había quedado con sus amigos.

Le encantaban los viernes por la tarde, eran su oportunidad de ponerse al día con las anécdotas y cotilleos de sus amistades y desconectar del agobio de la semana laboral. También era cuando veía a Carlos. Tenía muchas cosas en común con él: a ambos les gustaba el pop-rock de los 80, las pelis de mafiosos y terminar la noche follando como fieras en casa de Gloria. Y aquella noche no iba a ser una excepción.

-¿Qué tal está Sebas? -preguntó Carlos.

-Bien, de viaje de negocios. No para quieto, ya lo sabes.

También les unía el hecho de que Sebas, además de ser marido de Gloria, era el mejor amigo de Carlos.

Cuando el bar cerró y todos sus amigos se fueron marchando, Gloria y Carlos decidieron no perder más tiempo, borrachos y cachondos como estaban. Subieron al piso de Gloria y, para cuando llegaron al dormitorio, ya se habían quitado toda la ropa y estaban comiéndose la boca como adolescentes salidos. Carlos la empujó a la cama y hundió su cabeza entre los muslos de ella. Lamía su coño con frenesí, lo mismo le chupaba el clítoris que movía la lengua de arriba a abajo, llegando casi hasta el agujero del culo. Parecía un bulímico en un buffet libre, aquello era pura agonía, visto desde fuera daba hasta miedo. Gloria, en cambio, disfrutaba sabiéndose deseada, y agarraba la cabeza de Carlos para acercarla aún más a su coño, como si quisiera que se la follara con la lengua, hasta que ya no aguantó más y le gritó:

-¡Métemela ya, cabrón!

Él no dudó ni un instante, tenía la polla tan dura que le dolía y se moría de ganas de estar dentro de Gloria, de “estar en la Gloria”, como le gustaba bromear a veces. Tenía un sentido del humor muy peculiar. Su pene se deslizó con pasmosa facilidad en la vagina de Gloria, de tan húmeda como la tenía. Eso enloqueció de placer a Carlos, que comenzó a follársela a toda velocidad. En el dormitorio sólo se escuchaba la respiración jadeante de ambos y el sonido rítmico de los testículos de él golpeando contra las nalgas de ella. Gloria no tardó en alcanzar el orgasmo, sus gemidos de placer pusieron aún más cachondo a Carlos, lo que provocó que tuviera que parar en seco y sacar la polla al grito “me corro, joder, ¡me voy a correr!”, mientras se masturbaba rumbo al clímax final. Gloria lo miraba sonriente, mientras pensaba en la cara tan ridícula que ponían los tíos cuando eyaculaban, y sintió una oleada de satisfacción cuando vio como el chorro de semen que salía disparado de la polla de Carlos impactaba en su vientre y en sus tetas.

***

Como cada viernes, Sebas estaba sentado en su coche frente al bloque de pisos donde vivía con su esposa Gloria. Tenía un revólver cargado apoyado en su regazo, y de vez en cuando lo iba pasando de una mano a otra, notando su peso mientras se preguntaba si tendría el valor de usarlo por fin para acabar de una vez por todas con aquella infidelidad que le estaba carcomiendo por dentro. Sabía que Gloria le engañaba con Carlos desde hacía tiempo, no eran tan discretos como ellos pensaban. Ni tan inteligentes. Él mentía y decía que se iba de viaje de negocios pero en realidad estaba allí siempre, esperando en la entrada del edificio mientras imaginaba todo lo que ellos estarían haciendo allí dentro, en su dormitorio, en su cama. No sabía cuándo pondría fin a aquello, pero estaba seguro de que sería pronto…

***

Como cada viernes, Jesús Ignacio usó un trozo de papel de cocina para limpiar los restos de semen de su polla después de haberse corrido. Él no lo sabía pero había puesto una cara muy ridícula al eyacular, por supuesto. Solo y amargado como estaba, no se le ocurría mejor manera de acabar la noche que viendo porno y haciéndose una paja. La escena de sexo no había estado mal, bastante típica aunque más que suficiente para lo que él quería. No obstante, toda aquella trama de infidelidades y maridos despechados no le había terminado de convencer.

-Joder, estas pelis porno cada vez tienen argumentos más raros -fue lo último que pensó justo antes de quedarse dormido en el sofá, con el pene fláccido en una mano y el rollo de papel de cocina en la otra.

 

 

Sobre Maylaïf Dhisis

Os lanzo proclamas, consignas y aseveraciones desde la autoridad moral que me da pasarme la tarde tumbado en el sofá rascándome los cojones.

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