Convivencia y Pasión

El bar está perdido en una de las callejuelas del casco antiguo de la ciudad, es imposible encontrarlo a menos que sepas con total exactitud su dirección o te lleve alguien que sepa dónde está. Tanto el dueño como su escasa clientela habitual lo prefieren así.

Apoyado en la barra apurando una pinta de cerveza negra está Convivencia. Lleva gafas de pasta, tiene un corte de pelo clásico y viste un elegante traje gris con rayas negras. Nada más verle, las primeras palabras que se le ocurrirían a cualquiera son “muy inglés”, aunque en realidad sea un concepto tan amplio que carezca de sentido: muy ingleses son Shakespeare y las series de la BBC, pero también el imperialismo, el pastel de riñones y los Sex Pistols.

La puerta del bar se abre y entra Pasión, con una rizada melena rubia a la altura de los hombros, un escotado traje rojo y unos tacones de aguja. Parece una actriz italiana de los años 60. En cualquier otro bar todo el mundo se habría girado para verla entrar, en cambio aquí sólo están el camarero detrás de la barra y Convivencia, que dice:

-Querida, estás arrebatadora. Pero llegas tarde.

-Calla, que menudo día he tenido. Justo cuando estaba a punto de conseguir que un matrimonio que llevaba dos meses sin hacer el amor se pusiera a follar salvajemente, va su hijo y entra en la habitación diciendo que tiene miedo y que si puede dormir con ellos. Qué desastre. ¡Maldito mocoso!

El camarero le sirve a Pasión un Sex on the Beach sin necesidad de que ella se lo pida. Ella coge la copa y se bebe casi la mitad de un solo trago. Convivencia la mira, en sus ojos hay una mezcla de comprensión y lástima.

-Estamos de capa caída, querida. Ésto ya no es lo que era. Lo que más me molesta es la manía que tienen de culparnos a nosotros de sus errores y su pereza, como cuando dicen eso de que “la Convivencia mata la Pasión”. Juro que cada vez que oigo esa frase se me llevan los demonios. ¿Cuándo te he puesto yo a ti la mano encima, eh? ¿Cuándo te he hecho yo a ti algo malo? ¡Si me encantas!

-¡Malditos desgraciados! Tú esforzándote por hacer que vivan en armonía y así te lo agradecen. No se dan cuenta de que lo que a mí me mata no tiene nada que ver contigo, lo que a mí me mata es que dos personas se vayan a vivir juntas y comiencen a tirarse pedos como si no hubiera un mañana, dejen de cepillarse los dientes, ya no se duchen con tanta asiduidad como antes, no tiren de la cadena del váter, y se relajen y se dejen hasta el punto de terminar por no respetarse. Tú no tienes la culpa de nada, Convivencia, la culpa la tienen las personas que se empeñan en tener pareja porque les aterra la idea de estar solas, y eso les lleva a juntarse con gente a la que en el fondo saben que no quieren. Es cuestión de tiempo que terminen por no soportarse. Creen que vivir en pareja o en grupo hará la soledad más llevadera cuando lo único que consiguen con eso es que esos defectos que odian acaben saliendo a la luz más temprano que tarde. Si la mayoría de personas se odian a sí mismas…¿cómo van a poder querer a nadie?

-Calla, calla, que vas a hacer que me deprima. A veces me dan ganas de dejar este trabajo…

Desde la entrada del bar se oye una voz ronca que dice:

-Menudo par de lloricas sois. No me quiero ni imaginar qué pasaría si fuerais como nosotras, que todo el mundo nos teme y nadie nos quiere.

Convivencia y Pasión se giran hacia la voz. En la puerta del bar hay dos chicas jóvenes, una tiene el pelo despeinado y la sonrisa desencajada, la otra tiene unas ojeras muy marcadas, los ojos rojos y cara de pocos amigos. Pasión es la primera en contestarles.

-Vaya, pero si son Borrachera y Resaca, como de costumbre yendo siempre juntas a todas partes. No os hemos visto llegar.

-Es normal. -gruñe Resaca-. Nadie lo hace.

El bar está perdido en una de las callejuelas del casco antiguo de la ciudad, es imposible encontrarlo a menos que sepas con total exactitud su dirección o te lleve alguien que sepa dónde está. Tanto el dueño como su escasa clientela habitual lo prefieren así.

Sobre Maylaïf Dhisis

Os lanzo proclamas, consignas y aseveraciones desde la autoridad moral que me da pasarme la tarde tumbado en el sofá rascándome los cojones.

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