Habitaciones contiguas

Esta noche hace tanto calor que va a ser imposible dormir. Oliver es incapaz de pensar en otra cosa, esa frase se repite en su cabeza una y otra vez como si se tratase de un mantra. Tumbado en la cama de su dormitorio espera a que los calmantes hagan efecto y alivien su dolor o al menos le hagan evadirse de la realidad y olvidar el disparo que horas antes recibió en el costado. Pensaba que esta vez sería la definitiva, que no conseguiría contarlo, pero a pesar de tener las apuestas en contra y de haber perdido mucha sangre, consiguió llegar a casa y llamar a uno de esos doctores que piden mucho dinero porque acuden a cualquier hora y no hacen preguntas. El doctor llegó, hizo su trabajo, cobró y se marchó. Ahora, solo de nuevo, Oliver pone la tele a todo volumen pero ni así consigue sofocar el sonido de los insistentes ladridos de un perro que debe estar muy cerca, a juzgar por el ruido que hace. Al mismo tiempo, en casa de sus vecinos, en la habitación contigua a la suya, alguien está echando lo que podría llamarse el polvo del siglo, teniendo en cuenta el volumen de los jadeos y gemidos, que se mezclan con los ladridos del perro hasta formar una extraña sinfonía. Llega un punto en el que es incapaz de diferenciar unos de otros, y se da cuenta de que está muy jodido. Intenta relajarse mirando el televisor, están emitiendo una película de acción que parece haber llegado a su punto álgido: uno de los protagonistas, un policía de aspecto muy demacrado, apunta con su pistola a la cabeza de uno de los asesinos de su esposa. Su compañero intenta razonar con él para evitar que apriete el gatillo.

-¡No lo hagas, Glenn! ¡Matarlo no te la devolverá!

Glenn mira a su compañero, mira la pistola en su mano, al asesino de su esposa, otra vez a su compañero y contesta:

-Tienes razón, Hank. Pero perdonarle tampoco.

Glenn dispara y la cabeza del malo parece estallar en mil pedazos.

-¡Márchate, Hank! Es mejor que no nos encuentren a los dos aquí. Prométeme que tú lo acabarás si yo no puedo. ¡Prométemelo!

-Te lo prometo.

El lugar no tarda en llenarse de policías, ambulancias y mirones. Para cuando Glenn llega a comisaría para ser interrogado, Hank ya está en casa. Mientras se ducha piensa en la promesa que ha hecho a su compañero. Sabe que no será fácil y le obsesiona que llevarla a cabo pueda acabar con su carrera o algo peor, pero siempre ha sido un hombre de palabra. Glenn ha matado a uno de los asesinos de su esposa, pero el otro ha escapado. Hank lo encontrará tarde o temprano, no puede haber ido muy lejos porque recibió un disparo mientras huía corriendo, no debería ser complicado localizarlo. Pero esta noche no: esta noche toca descansar, intentar olvidar aunque no sea posible y hacer el amor con su esposa hasta quedar exhausto. Un perro ladra sin cesar en la calle y, en la habitación contigua a la suya, el vecino tiene la tele puesta a todo volumen. Un instante después de que Hank alcance el orgasmo, un pensamiento se forma con fuerza en su cabeza: Esta noche hace tanto calor que va a ser imposible dormir.

Sobre Maylaïf Dhisis

Os lanzo proclamas, consignas y aseveraciones desde la autoridad moral que me da pasarme la tarde tumbado en el sofá rascándome los cojones.

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