Los putos años 80

Cuando se despertó, la década de los 80 todavía estaba allí. Álex tenía un fuerte dolor de cabeza y no pudo evitar preguntarse si se trataría de algún efecto secundario de La Movida Madrileña (no tenía muy claro en qué había consistido La Movida con exactitud, pero estaba seguro de que tenía algo que ver con fiesta y excesos). Tampoco sabía cómo había acabado en aquel bar, sólo podía contemplar fascinado la escena que se desarrollaba delante de sus ojos: ante sí tenía a todos los mitos de su infancia, todos aquellos seres (tanto ficticios como reales) con los que había pasado de un modo u otro su niñez durante la década de los 80. En una máquina de discos sonaba Este amor ya no se toca, de Yuri.

También había gente a la que no conocía de nada, pero eso era secundario al lado del shock de ver juntos en una misma habitación a Robocop echando un pulso con un Terminator T-800 mientras el cuarto Doctor Who (el del abrigo largo, el sombrero y la hiperbólica bufanda de colores) intentaba explicarle al camarero la manera perfecta de elaborar un White Russian. John McClane trataba de ponerse en contacto por teléfono con su esposa para avisar de que llegaría tarde, aunque todo parecía indicar que no iba a tener éxito. Las azafatas del concurso Un, Dos, Tres corrían de acá para allá presas de una alegría tan refrescante como artificial, mientras los primeros compases del Don Diablo de Miguel Bosé comenzaban a sonar. En una mesa repleta de cervezas, Kyle Reese y Mike Donovan discutían acaloradamente sobre cuáles deberían ser las características esenciales de una auténtica, genuina y verdadera Resistencia. Dos mesas más allá, Conan, Valeria y Subotai les miraban con cara rara mientras planeaban robar unas joyas de incalculable valor. En otra, un tipo con gafas, calvo y mal afeitado, explicaba una anécdota a la animada concurrencia del local:

-¿Alguna vez os he contado que tuve mi primera erección viendo la serie V? Fue en un episodio de la segunda temporada, si habéis visto la serie sabréis a cuál me refiero. Diana y Lydia peleaban a muerte utilizando unos palos enormes, pintadas como si fueran fans de KISS o algo por el estilo. El combate se iba recrudeciendo hasta que al final tiraban los palos y se enzarzaban en una lucha cuerpo a cuerpo, revolcándose por el suelo. Pues bien, en ese momento yo estaba sentado en el sofá, recién merendado, y empecé a sentir una dureza tremenda entre mis piernas. Aquello estaba tan duro que casi me dolía, y yo estaba alucinando porque nunca antes había sentido nada parecido. Creo que fue en aquel preciso instante cuando tomé conciencia de que me gustaban las mujeres. Y también de que estaba destinado a ser un friki del copón. Creo que ese es el motivo por el que le tengo tanto cariño a esa serie, a pesar de lo mal que ha envejecido.

A Álex todo aquello le parecía demasiado extraño, pero al mismo tiempo muy familiar. La cabeza le seguía doliendo, más todavía cuando intentaba mirar hacía el escenario que había en el fondo del bar. Una cortina roja impedía ver quién o qué había en aquel escenario. Cuanto más miraba, peor se encontraba, así que decidió salir a tomar el aire. En la máquina de discos sonaba Estoy bailando, de las Hermanas Goggi. La calle estaba desierta, algo que parecía no tener mucho sentido teniendo en cuenta que aquella noche era especial, Álex estaba seguro de eso: algo importante estaba sucediendo esa noche, pero no era capaz de recordar qué. Y fue incapaz de centrarse en esa idea cuando la calle comenzó a llenarse de relámpagos y delante de sus narices apareció un DeLorean derrapando mientras dejaba las marcas de los neumáticos en el asfalto. Cuando la puerta del coche se abrió, Álex comprobó perplejo que la persona que salió no era quien él esperaba. De hecho, no le conocía de nada. Y todavía fue más extraño cuando aquel tipo le tendió la mano y, mirándole a los ojos, le dijo:

-Me llamo Brian DeBobsleigh. Ven conmigo si quieres vivir.

-No entiendo nada. Y no me encuentro bien -fue todo lo que Álex alcanzó a decir en aquel momento.

-Es normal -contestó DeBobsleigh -. Mira, tengo que explicarte unas cuantas cosas y tenemos muy poco tiempo, así que presta atención y procura no agobiarte: un parásito que se alimenta de las ilusiones de la gente se ha introducido en tu cerebro y ha tomado el control de tu cuerpo encerrando tu conciencia aquí dentro, en esta especie de escenario repleto de recuerdos idealizados de tu infancia. Mientras tanto, ahí fuera, estamos a escasos minutos de que tengan lugar las campanadas de Año Nuevo en la Puerta del Sol de Madrid. Eso es un montón de gente poniendo todas sus esperanzas e ilusiones en el año que comienza, o lo que es lo mismo, un festín para que el parásito que te ha poseído se atiborre y acumule tanto poder como para que sea imposible pararle los pies, así que tenemos que encontrarlo y acabar con él antes de medianoche.

-¿Pero cómo se me ha metido dentro?

-Seguramente a través de algo que hayas comido. ¿Recuerdas si has ingerido algo inusual o que no suelas comer habitualmente?

-Bueno, queríamos intentar coger un buen sitio en la plaza y, en lugar de cenar cada uno con nuestra familia, mis amigos y yo nos hemos ido directamente a comer un montón de hamburguesas en el

-No me digas más. La puta comida rápida es una basura llena de desagradables sorpresas: grasas saturadas, colesterol, parásitos alienígenas de otra dimensión…y ahí lo tienes. ¿Alguna pregunta más?

-¿Alguna? ¡Un montón! ¿Por qué aquí? En estas fechas hay lugares del mundo donde encontraría a mucha más gente de la que alimentarse. ¿Y cómo me has encontrado?

-Ha elegido este lugar porque casi todos estáis borrachos y eso os convierte en una presa fácil. ¿Te has dado cuenta de que debéis ser el único país del planeta que celebra absolutamente todo bebiendo y poniéndose hasta las trancas? No os juzgo, que conste, yo tampoco le hago ascos al alcohol, pero me parece muy curioso. Lo de encontrarte no es mérito mío, me temo, sólo me he dedicado a seguir a los que te estaban buscando. Verás, no soy el único interesado en evitar que ese parásito crezca y se haga fuerte, aunque sí soy el único que quiere hacerlo sin que el huésped, en este caso tú, sufra daños.

-¿Qué significa eso?

-Que si te encuentran antes de que lo destruyamos, irán a lo seguro y te matarán a ti para acabar con él. Esa gente es muy expeditiva y no quiere complicarse la vida.

-¡Eso es terrible! Un momento, pero tú también estás aquí. ¿Qué pasará contigo si me matan?

-No estoy aquí, ahora mismo sólo soy una proyección astral en tu cabeza, aunque es todo un detalle que te preocupes por mí en una situación como la que estás viviendo. Eres un encanto de persona, de verdad. Pero no nos queda mucho tiempo. ¡Vamos al bar!

Lo primero que encontraron cuando entraron en el bar fue lo último que Álex esperaba ver allí. Aunque, bien pensado, si todo aquello era la parte de su cerebro que tenía idealizada su infancia en la década de los 80, tenía todo el sentido del mundo.

-¡Ay, dios mío!

-¿Qué pasa? -preguntó DeBobsleigh.

-Son el Spiderman de John Romita Jr., el Daredevil de Frank Miller, el Thor de Walt Simonson y Los 4 Fantásticos y La Patrulla-X de John Byrne…¡son todos los personajes de los cómics Marvel que leí de pequeño!

-No, no lo son. Sólo son un obstáculo creado por el parásito para tenerte entretenido y que no hagas lo que se supone que debes hacer. Un poco como pasa con la televisión e internet, sólo que más maligno. No te preocupes, yo me encargo de ellos. Tú busca algo que no tenga que estar ahí, que te parezca fuera de lugar o que no te suene de nada. Piensa que el parásito no quiere que le encuentres.

-Vale. Pero jamás podrás tú solo contra todos esos superhéroes.

-Tranquilo, soy un tipo con recursos.

Mientras Brian DeBobsleigh se lanzaba a darse de puñetazos con la plana mayor de los tebeos de la Marvel de los 80, Álex empezó a deambular por el bar en busca de algo extraño, tarea muy laboriosa teniendo en cuenta que nada de aquello le parecía normal. En la máquina de discos sonaba The Final Countdown de Europe. El parásito no sólo le estaba jodiendo, además parecía querer cachondearse de él. Deseó no estar allí, deseó haberse quedado con su familia aquella noche. Ojalá pudiera concentrarse, ojalá no le doliera tanto la cabeza cada vez que miraba…

…cada vez que miraba la cortina roja del escenario. Y entonces lo entendió. Comenzó a caminar con firmeza hacia el escenario, aunque a cada paso la cabeza le latía con tanta fuerza que parecía que le fuera a estallar. Intentaba pensar que nada de lo que sentía era real, que sólo se trataba de un escenario imaginario muy bien elaborado, nada más. Sin embargo, un terror irracional le atenazaba ante la idea de correr la cortina y ver qué era lo que había tras ella. De golpe empezó a pensar en todos los malos momentos que había pasado en su vida: todas las burlas y los insultos de sus compañeros de clase cuando era pequeño y la indiferencia de los padres de estos, porque los niños pueden ser muy crueles pero no dejan de ser el reflejo de la educación que han recibido. Visualizó también todos sus desengaños amorosos, que no habían sido pocos, revivió la muerte de todos los seres queridos que le habían ido abandonado a lo largo de los años, y sufrió de nuevo por cada error cometido, por cada decisión equivocada, por cada camino no tomado. Y supo con certeza que si miraba detrás de la cortina moriría presa de una infinita tristeza. Tampoco era tan mala idea quedarse allí atrapado de por vida, rodeado de los ídolos de su infancia y reviviendo sus momentos felices, aunque fueran mentira.

-¡Lo siento, Brian, no puedo hacerlo! -gritó Álex, apartando la mirada de la cortina.

-¡Más lo siento yo, pero no tienes opción! -gritó DeBobsleigh en respuesta. Parecía estar plantando cara con bastante soltura a todos aquellos superhéroes, aunque tenía ya unos cuantos moratones y estaba cubierto de sangre, tanto ajena como propia -. ¿No lo entiendes? No puedes quedarte aquí para siempre. La nostalgia no tiene por qué ser mala, pero hay que saber cuándo dejar todo atrás y seguir adelante. No puedes dejar que el miedo te gane la partida, o morirás aquí atrapado en una edición facsímil de tus recuerdos de infancia y nunca jamás harás nada con tu vida. ¡O avanzas o mueres!

-Pero…

-¡Abre la puta cortina, por dios!

Nunca sabría con seguridad si sufrió un repentino ataque de valentía o fue por la impresión que le causó el grito de DeBobsleigh, pero agarró la cortina y la abrió de golpe. Tardó un rato en darse cuenta de que lo único que allí había era un diminuto gusano en mitad del escenario, mirándole. Se percató de que el bar se había quedado absolutamente vacío y a oscuras, no había nada, no había nadie. Tan sólo él y el gusano. No sabía qué tenía que hacer y no había nadie que pudiera aconsejarle, darle órdenes o guiarle. Lo que sucediera a continuación sería por completo responsabilidad suya. Tanto si acertaba como si la cagaba estrepitosamente la decisión la habría tomado él, y eso le hizo sentirse orgulloso y feliz, tal vez por primera vez en su vida. Cogió al gusano entre sus manos, se fue a la barra del bar, abrió una cerveza, le dio un par de sorbos y cerró los ojos. Y entonces se metió al gusano en la boca y se lo tragó.

Cuando volvió a abrir los ojos, se vio tumbado en un callejón. Estaba solo, todo el mundo estaba en la plaza a esa hora, ya se escuchaba el sonido de los cuartos en la campana de Puerta del Sol. Alguien le tendió una mano para ayudarlo a incorporarse. Era Brian DeBobsleigh.

-Enhorabuena, chaval, acabas de salvar al mundo. Ha sido una verdadera genialidad lo de tragarte el gusano. Se quedará atrapado dentro del escenario imaginario que él mismo ha creado dentro de tu cabeza, pensando que está poseyendo tu cuerpo y consiguiendo todo lo que desea, pero en realidad estará parasitando la proyección mental de tu cuerpo. Y cuando vea que no hay nada de lo que alimentarse, morirá víctima de la mentira que él mismo inventó. ¿Cómo se te ha ocurrido hacer algo así?

-Si te he de ser sincero, no lo sé. No sabía qué tenía que hacer y tenía hambre y sed.

-Bueno, como historia que contar a los nietos no es muy épica, pero me sirve igual. Feliz año nuevo y esas mierdas, chaval. Ve a celebrarlo, te lo has ganado.

-¿Tú no vienes?

-Me esperan en otro sitio.

DeBobsleigh se marchó, sin decir ni una palabra más. Álex se encaminó hacia la plaza, sonriendo satisfecho. Le costaría encontrar a sus amigos entre todo el gentío y el barullo de la celebración del nuevo año, pero no le importaba. Sentía que tenía todo el tiempo del mundo y toda la vida por delante. La infancia y el pasado quedaban atrás, porque así era como tenían que ser las cosas, irremediablemente. La década de los 80 había sido una gran época, con sus cosas buenas y sus cosas malas, pero jamás volvería. Ni falta que hacía.

 

 

Sobre Maylaïf Dhisis

Os lanzo proclamas, consignas y aseveraciones desde la autoridad moral que me da pasarme la tarde tumbado en el sofá rascándome los cojones.

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