Lunares

Mírala, acabamos de hacer el amor y se ha quedado dormida. No puedo parar de contemplar su cuerpo desnudo. Qué bonita es. Sé que a lo mejor me estoy dejando llevar por la emoción porque es la primera noche que pasamos juntos, pero creo que es la mujer de mi vida. La observo y me gusta todo de ella. La forma en que su melena cae por la almohada. Cómo su pecho sube y baja cada vez que respira de forma acompasada. Sus nalgas, que parecen dos lunas gemelas de una galaxia imposible y lejana, y yo el astronauta que quiere clavar su bandera en ay dios mío, ¿qué estoy diciendo? Se me va la cabeza. La culpa es suya, me ha dejado muy tocado. Siento que enloquezco con el aroma y el sabor de su perfume y el modo en que se mezcla con sus gotas de sudor. Es tan guapa. Es tan linda. Es tan bella. Y esos lunares, ¡ay, esos lunares! Podría pasarme la vida entera contando los lunares de su espalda.

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Mírala, ya ha vuelto a dormirse después de follar. Llevamos ya dos años juntos y siempre le pasa igual, en cuanto terminamos se queda frita. Esto se está empezando a convertir en la tradición de la noche de los sábados. Estará cansada, supongo. Ella es muy de cansarse. A ver, que la sigo queriendo como el primer día, pero yo qué sé. Me asusta pensar que a lo mejor podamos estar perdiendo la compenetración que teníamos al principio de la relación. Cuando la miro ya no siento lo que sentía. Su pelo, por ejemplo. Esa manera en que le tapa casi toda la cara cuando está durmiendo, que cualquier día se va a tragar un mechón y vamos a tener un disgusto. O el modo tan extraño que tienen sus tetas de menearse cada vez que respira, que yo creo que es porque lo hace muy fuerte, para mí que tiene algún problema respiratorio. Pero tampoco me atrevo a comentárselo, no vaya a ser que se enfade. Como lo del culo. Que sí, que me encanta, pero cada vez lo tiene más grande y yo no sé qué cosas soñará pero me pega cada golpe con sus nalgas que cualquier día me tira de la cama. ¿Me gusta? Claro. ¡La amo! Pero cada vez hay más cosas que no me atraen como antes lo hacían. Me desquicia el olor de su colonia. Y cuánta usa, gasta más de un bote por semana. Yo creo que lo hace para intentar disimular lo mucho que suda. Porque no veas lo que suda. A veces temo que se deshidrate mientras lo estamos haciendo y le dé una lipotimia o algo. Y esos lunares, ¡ay, esos lunares! Cuanto más los miro menos claro tengo cuáles son lunares y cuáles granos.

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Mírala, ya está roncando. Cinco años con la misma puta historia, no lo aguanto. Para una mierda de polvo que echamos al mes y se pone a dormir en cuanto acabamos. Es que ni me ha mirado. Se ha girado y se ha puesto a dormir. Ni buenas noches me ha dicho. Sólo le ha faltado tirarse un par de pedos. Siempre igual, joder. Y encima tiene la desfachatez de decir que no ronca, que son imaginaciones mías, que lo que pasa es que respira fuerte. Que respira fuerte, ¡tendrá morro! ¡Si suena como un oso grizzly atacando! ¿Y los pelos, qué? Toda la almohada llena de pelos, que parece que tenga un problema de alopecia. Ni que fuera un gato persa, maldita sea. Y ese culo, que entre el tamaño y la cantidad de bultos que tiene podría servir como etapa del Rally Dakar. Y encima dice que cada vez me encuentra menos atractivo, que ya no me cuido. Me cago en mi puta estampa. Lo dice ella, que entre lo que suda y la cantidad de colonia que usa parece un reclamo para moscas. Vivo con el miedo de que cualquier día se derrita como un cubito de hielo o un muñeco de nieve al llegar la primavera. Y esos lunares, ¡ay, esos lunares! Estoy hasta las putas narices de los lunares. Voy a coger un rotulador de esos de punta gorda indelebles y juntaré los puntos, a ver qué mensaje oculto me he estado perdiendo todos estos años. Ea, ya está hecho, ahí lo tienes: ni un mapa de constelaciones lejanas, ni un dibujo misterioso que revele nada. La única sorpresa es que no hay ninguna sorpresa. No hay magia. Sólo un gilipollas haciendo lo que mejor se le da a las tantas de la madrugada, lo único que sabe hacer: el gilipollas. Parece que ya se despierta. Mucho estaba tardando. Seguro que se cabrea, discutimos y acabamos rompiendo. A ver si por fin su paciencia se colma y me echa de su vida a patadas. A ver si ella tiene el valor para hacer de una vez lo que yo no me atrevo…

Sobre Maylaïf Dhisis

Os lanzo proclamas, consignas y aseveraciones desde la autoridad moral que me da pasarme la tarde tumbado en el sofá rascándome los cojones.

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