Noche de fiesta

Viernes por la tarde: salgo del trabajo, llego a casa, me ducho, me visto y me marcho a la taberna irlandesa (aunque el dueño sea de Cuenca) donde he quedado. Aún está vacía, es temprano. Me bebo una cerveza mientras espero a mis amigos. Muy a mi pesar, el camarero intenta entablar conversación. Se queja de lo caro que está todo. A mí me lo vas a decir, cabrón, si me cobras cuatro euros por cada birra. Salgo a fumar. Mis amigos no dan señales de vida. Vuelvo dentro. Me pido otra cerveza. Miro el teléfono móvil. No hay cobertura. El camarero se queja de que todos los políticos son iguales o eso creo, no estoy escuchando. Salgo a fumar. Llegan mis amigos. Ya era hora, perros, ¿dónde os habíais metido? Entramos dentro. Pedimos cerveza. Nos ponemos al día. Uno ha discutido con su novia, otro lo está dando todo en el gimnasio y el tercero ha terminado una serie buenísima, de verdad, tienes que verla. Pedimos otra cerveza. Salgo a fumar. Habría que ir pensando en cenar algo. Tomamos una cerveza mientras decidimos. No quieren kebab, dicen que a saber de qué es la carne que te ponen, que mejor una hamburguesa. Serán cabrones. Cuando se doblan los canutos de hachís no les preocupa tanto la denominación de origen. Al final nos comemos unas hamburguesas acompañadas de cervezas y un par de platos de patatas fritas repletas de ketchup, mostaza y mayonesa. Casi hay más salsa que patatas, parece un cuadro de Jackson Pollock. Mis amigos piden unos carajillos y unas cremas de orujo. Salgo a fumar.

Volvemos a la taberna. Ron con cola, whisky con naranja, vodka con tónica, ginebra con limón. Ronda de chupitos. Salgo a fumar. Parece que refresca. Yo estoy sudando. Habrá que tomarse otra copa. Mientras me la bebo el amigo que ha discutido con la novia sale a llamarla por teléfono, el adicto al gimnasio deja caer que a lo mejor pilla un par de gramos de cocaína porque todavía queda mucha noche por delante y el fan de las series me pone al tanto de los próximos estrenos. ¿Y yo por qué soy amigo de estos tíos? Ronda de chupitos. Salgo a fumar. El amigo que habla con su novia por teléfono está llorando mientras repite una y otra vez que no, cari, que yo te quiero mucho”. Una chica pasa delante de mí. Bueno, supongo que es una chica. La verdad es que lo que veo es una figura un poco borrosa. Pelo largo tiene, eso seguro. Le digo algo, aunque no tengo muy claro el qué. Con tanto tabaco y tanto alcohol mi voz es un extraño gorgoteo entre afónico y ronco. Parece una mezcla entre Leonard Cohen y el tarado melenudo de Loca Academia de Policía 2 (que también salía en la 3). El caso es que no le gusta. Me enseña el dedo de en medio. Bueno, eso creo, porque yo veo unos cuantos más.

Salgo a fumar. Ah, no, espera, que ya estoy fuera. Joder, qué mareo. Siento náuseas. Casi mejor me voy a casa. Debería avisar a mis amigos, pero ahora mismo yo no entro ahí otra vez ni aunque me paguen. Lanzo una bomba de humo y me largo. ¿Cuál es el camino más corto para llegar a casa? Me pesan los pies un montón. Mira, esa pared tiene pinta de ser cómoda, voy a apoyarme. Me estoy acordando de esos documentales en los que hay un búfalo bebiendo tranquilamente en la orilla del río y de repente emerge un cocodrilo y se lo zampa, no sé por qué. Que no sé por qué me acuerdo, quiero decir, el motivo de que se lo zampe lo tengo muy claro. Ay, mira, déjame. Coño, ahí está mi casa. ¿ya he llegado? Debo tener un ángel de la guarda con forma de GPS o algo. Hostia, pues alguna cosa me comería, no te voy a decir que no, pero qué pereza. Y qué mareo. Mejor me acuesto. Ni me quito la ropa, que le den. Ya verás mañana el resacón.

Sábado por la mañana: ¿Ya estoy despierto? ¿Qué hora es? Hostia, mi cabeza. Qué dolor. Me voy a morir. Tengo el estómago revuelto. Putas patatas cargadas de salsa. Putas cervezas. Putos chupitos. Putos cubatas. Voy a vomitar. Joder, qué puto asco. Me muero, coño. ¿Y ese zumbido? ¿No apagué el móvil? Madre mía, pues sí que llegué fino. A ver qué pone…“lo de ayer estuvo genial, tenemos que repetirlo”. Joder, voy a vomitar otra vez.

¡Qué maravillosa es esta sensación de hacer cosas que te hacen sentir vivo!

Sobre Maylaïf Dhisis

Os lanzo proclamas, consignas y aseveraciones desde la autoridad moral que me da pasarme la tarde tumbado en el sofá rascándome los cojones.

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