Vocación de mártir

Hay un niño ahogándose en el río, quién sabe cómo habrá llegado hasta ahí. He oído unos gritos de socorro mientras paseaba y al venir a ver qué estaba sucediendo lo he visto. A lo mejor ha pensado que estaba en mitad de una fabulosa aventura en el bosque, o tal vez se trate de alguna absurda apuesta que ha hecho con sus amigos, o puede que simplemente le apeteciera darse un baño. El caso es que un niño se está ahogando en el río. Y yo puedo salvarlo.

Desde que tengo uso de razón, siempre he querido ser un héroe. Tal vez sea culpa del cine de acción o de todos esos tebeos que leí de pequeño, pero creo con firmeza que ser un héroe es la única manera de dejar huella en esta vida. Salvar la vida de alguien de forma desinteresada debe ser el gesto más noble que existe, el mayor regalo que se puede hacer y la mejor manera de ser recordado para siempre. Cualquiera puede tener hijos, escribir libros es algo que hoy en día parece que todo el mundo es capaz de hacer, y por desgracia la fama y la fortuna tampoco son demasiado complicadas de conseguir: basta con carecer de escrúpulos por completo. Así pues, con esta perspectiva, ¿cuál es el único modo de alcanzar la eternidad y que la gente te recuerde para siempre? Ser un héroe.

No le temo a la muerte, es un trámite por el que todos tendremos que pasar algún día, queramos o no. Es más, puestos a elegir, creo que morir salvando vidas sería el mejor colofón para alguien con mis aspiraciones. Sería el equivalente al actor de teatro que realiza la mejor actuación de su carrera recitando el monólogo perfecto justo un instante antes de que caiga el telón. Entonces la obra se termina y el público enfervorecido se pone en pie para aplaudir y vitorearle.

El problema es que ahora mismo aquí sólo estamos el niño y yo, no hay nadie más. No hay nadie. Si lo salvo, ¿quién se va a enterar? ¿Y si, en lugar de salvarlo, empieza a revolverse y me agarra del cuello y terminamos ahogándonos los dos? ¿Quién valorará mi esfuerzo, quién recordará mi hazaña? ¿De qué sirve sacrificarse si no se va a enterar nadie? Joder, hasta donde yo sé, lo mismo el crío ni siquiera tiene padres. ¿Qué clase de irresponsables dejarían a un niño solo vagando por el bosque? Eso es lo más parecido a llamar a la mala suerte, es invitar al desastre. Si juegas con fuego tú serás el responsable de todo lo malo que te pase. Yo sólo estaba aquí de paso, no es culpa mía que este niño vaya a ahogarse.

Pero por otro lado no puedo verlo así, pataleando mientras intenta inútilmente aferrarse a la vida. Es una escena terrible, me pone muy nervioso. Tengo que tomar una decisión, y rápido.

Ya está, ya lo he decidido, lo tengo claro: me marcho. Ya habrá mejores oportunidades para intentar ser un héroe.

Mientras me alejo, de vuelta en el bosque, compruebo aliviado que el niño al fin ha dejado de gritar. Joder, qué descanso.

Sobre Maylaïf Dhisis

Os lanzo proclamas, consignas y aseveraciones desde la autoridad moral que me da pasarme la tarde tumbado en el sofá rascándome los cojones.

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