Sangría

sangria_jarra¿Que qué hace una chica como yo en un sitio como este? El cafre, como el resto de mis ilustres compañeros tuiteros, a los que se nos quedaron cortos los tuits y que necesitamos más espacio para expandir nuestra locura por prescripción médica.

Y heme aquí, devanándome los sesos para escribir algo decente, mientras en mi cabeza revolotea una sola palabra: SANGRÍA.

Ojalá me refiriese a esta “riquísima” bebida basada en tintorro barato del que guardas en la nevera y nadie se termina, hielo picado y trozos de fruta de la que se te está pochando ya desde hace dos semanas en el frutero. No. Me refiero al término gore, al líquido espeso y ferroso que corre por nuestras venas. Me estoy refiriendo… A las analíticas de sangre.

¿Por qué a nadie se le ha ocurrido todavía utilizar este argumento para una novela de miedo o un thriller de terror psicológico de esos donde salen niños chinos andando a gatas y soltando gritos que solo oyen los perros?

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Reconozcámoslo. No hay nada que dé más canguelo que una enfermera cabreada en pleno mes de agosto, que acaba de incorporarse al trabajo con una depresión postvacacional y una insolación del carajo después de tirarse 15 días en una playa mediterránea bebiendo daikiris, armada con una aguja más larga que tu dedo corazón.

Si a eso le añadimos mi pánico generalizado a las cosas que pinchan, tenemos un combo ganador de nervios, gritos desgarradores y llantos. Y sangre, mucha sangre. Lo que yo decía, que no se cómo no se le ocurrió antes a Stephen King.

Y así me encuentro, al borde de un ataque, desde que esta mañana mi atenta médica de familia, a la que humildemente acudí con mocos para dar y regalar, me dijese que quería mirar mi nivel de colesterol porque mis últimos análisis databan de la Época del Bronce, y no precisamente del Olímpico.

—¿Si a mí no me importa morirme de un infarto, qué más te dará a ti, maldita perra de Satán?

Eso fue lo que quise decirle y obviamente no le dije porque se me va la fuerza por la boca y a la hora de la verdad, me dejo que me la claven hasta el fondo.

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¡Pues claro que me refiero a la aguja!

Antes de morir mañana a manos de una cabreada señora condenada a tener un trabajo fijo de por vida en este injusto sistema español, me gustaría poder despedirme de vosotros, dejando este post como legado. Recordadme como realmente era. Siempre con gorro, risueña, perspicaz, atractiva, resolutiva, independiente, valiente, decidida, inteligente… Y con una jarra de sangría en la mano, porque si no me muero del pinchazo, lo haré el día que les dé uso al medio brick de Don Simón de la nevera y a los dos limones estreñidos que tengo en el frutero.

—¡Nunca es tarde para cambiar la sangría por el Danacol y llevar una vida saludable!

Ahora sí te lo voy a decir: «Que te jodan, perra de Satán».

 

Sobre Gorritos G's

Hago bailar tostadoras con mocos psicomagnetéricos. Mi media pinza @mgom5 / Amo a @PajaritaStory / Mi padrino @Tito_Hit / XOMINO's Club

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