Cada sonrisa

Mi hermano lo era todo y ahora ya no está.

Han pasado casi cuatro años y aún sigo estremecida ¿cómo se sigue adelante después de algo así?. Mi hermano lo era todo, mi mejor amigo, el que me hacía reír, el que siempre me animaba, mi mayor apoyo.

Habíamos crecido muy unidos, sólo nos llevábamos un año de diferencia y supongo que eso lo hizo todavía más fácil. Siempre he sido muy tímida, patológicamente tímida, por lo que para mí hacer amigos toda la vida ha resultado una constante y pesada tortura, pero él siempre estaba ahí, diciéndome lo genial y divertida que era, la imposibilidad de que a nadie le gustara, pero supongo que no era tan imposible ya que la tónica general en mis intentos de socializar era el rechazo, muchas veces me decían rara, algunas incluso loca. Nunca le dije nada, no quería hacerle daño, ¿cómo podría? ¡eso nunca! Ellas siempre querían ir de tiendas, hablar de ropa, zapatos…a mí nunca me gustaron esas cosas, yo prefería cazar insectos, subirme a los árboles ¡siempre me ha encantado trepar! Ellos querían jugar al fútbol, al baloncesto…pero yo sólo quería coger la bicicleta e ir a descubrir nuevos caminos, nuevos lugares mágicos. A veces encontré alguien a quien le encantaba la idea y se animaba a acompañarme pero en cuanto aparecía mi hermano todo cambiaba, los gestos, las palabras, ya no me trataban igual y terminaban por dejarme de lado. Por eso nunca le dije, no quería que pensara que él era el problema, que resultaba un obstáculo porque si no podían aceptarle a él, tampoco podían aceptarme a mí.

Mis padres nunca nos apoyaron, nunca lo entendí, no querían que jugásemos juntos, siempre me estaban diciendo que me buscase amigos fuera de casa y finalmente me llevaron al psicólogo. Él me decía que no me preocupase, que no estaba loca, que no era rara, era única, sólo querían separarnos ¿cómo podía tener unos padres tan crueles? ¡el problema era suyo!

Pero al final pasó, supongo que no se puede luchar contra la vida. Sabía que era un día especial porque mis padres insistieron en acompañarme a la terapia, nunca les dejé, sólo acepté ir para que ellos me dejasen en paz, nos dejasen en paz, por eso no los quería allí, pero estaban tan empeñados que no fui capaz de decir que no, pensé que no podían hacer ningún daño esperando fuera. Su mirada, nunca olvidaré su mirada cuando abrí la puerta y ellos me abrazaron entre sollozos ¡NO ES VERDAD!¡DECIDME QUE NO ES VERDAD!¡NO PUEDE SER! Ese día terminó mi vida porque mi vida era él y me lo arrebataron.

No era real, mi hermano NO ERA REAL. Había crecido, jugado, vivido junto a una persona que en realidad no existía, era hija única. Mi vida era una mentira, toda mi vida era una mentira. Han pasado casi cuatro años y aún sigo estremecida ¿cómo se sigue adelante después de algo así?

Mi hermano lo era todo y ahora ya no está.

Sobre Ache

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