Por un quítame allá esas pajas

En un verano en el pueblo de cuyo año no quiero acordarme, jóvenes zagales asilvestrados cual jubilados sueltos en un buffet libre, inocentes e ignorantes del futuro que les esperaba, corrían por el campo como corren aquellos que se visten como monos borrachos daltónicos, como subnormales vamos, buscando alguna actividad que aliviase aquella tarde que se presentaba tediosa y somnolienta.

Total, que mis primos y yo andábamos buscando como entretenernos porque estábamos aburridos como ostras y en el pueblo no es que hubiera y sigue sin haber mucha alternativa para el explayamiento que digamos, lo que viene siendo la típica vida rural, tirar piedras a cosas, rodar por las cuestas abajo y mirar a ver quién bate el record de lesiones traumatológicas con la bicicleta. Y en esto que andábamos cuando aparece, cual oasis, una maravillosa fortaleza, un alcázar, una ciudadela, un montón de alpacas de paja vamos, ahí, dispuestas y alineadas perfectamente para todo lo que un grupo de niños y su imaginación fuese capaz de hacer con ellas.

Así que ahí corrimos, como mujer que sale de la peluquería sin paraguas y llueve, a subirnos, saltar, retozar y en definitiva, jugar y divertirnos. Y henos ahí, ya completamente llenos de paja y habiendo recolocado algunos fardos, lo que viene siendo, empujarlos al suelo porque ninguno teníamos fuerza suficiente para manejarlos y apenas lográbamos moverlas entre todos, a comprobar quién de nosotros conseguía matarse antes.

Explicar que el montón de alpacas estaba apilado tanto a lo ancho como alto con algunos huecos, es decir, si la zona más elevada constaba de cinco alpacas había algunos espacios cuya altura era sólo de dos y así. Por lo que en un ejercicio de imaginación apabullante, decidimos que íbamos a intentar alcanzar desde la zona más alta la segunda más elevada, que se encontraba a unas tres alpacas de distancia, saltando. Era un espacio bastante grande y que si no lograbas cubrir a malas caías sobre paja y el golpe no era muy fuerte ¡y suerte de ello! ya que sólo uno de mis primos consiguió hacer el salto con éxito y algo justo.

Así que ahí estaba yo, la última, encarando el salto como el PP enfrenta a la corrupción, es decir, parada y sin hacer nada. No importaba que hubiera visto que las consecuencias eran asequibles o nulas, como el PP, o que era ya toda una experta en darme golpes, como el PP, o que mi primo me alentase diciéndome que si él lo había hecho, por supuesto que yo también podía, como el PSOE, pero a pesar de no ser nada miedosa, no sé muy bien por qué, veía ese salto como un imposible, no tanto por el temor al golpe, que también, sino porque me estremecía ante la idea de decepcionar y hacer el ridículo ante todos, como Unidos Podemos ¡con lo que yo hago el ridículo generalmente!

En fin, cerré los ojos, respiré hondo, cogí carrerilla, toda la que me permitía la pila de alpacas que no era mucha y volé y me hizo volar de él, pero por allá, por la arbolada, no, espera, que esto es de otro tema, aunque…no anda desencaminado. Veréis, no sólo logré alcanzar la columna intencionada sino que además la sobrepasé, pero la sobrepasé por mucho, porque incluso siendo doble y habiendo todavía otra más pequeña detrás, me estampé contra el suelo como sólo los más grandes saben hacer (Coyote, a tope contigo), planchazo total.

Cuando levanté la cabeza sólo podía oír ¡sa matao, sa matao! mientras yo me descojonaba que es como suelo enfrentar las hostias, sean del tipo que sean.

En definitiva, que nunca os infravaloréis ni menospreciéis de lo que sois capaces porque la hostia te la das igual y también duele.

Sobre Ache

sé diferenciar “Ice Ice Baby” de “Under Pressure” en los primeros tan tan tan tara dan dan https://t.co/XKLKG8BDiq

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